Los que tenían ganas de bronca se quedaron en Estocolmo. Si alquien pensaba que los gritos contra el seleccionador, el presidente de la federación, Ángel Villar, y los jugadores a la salida del estadio Rasunda se multiplicarían hoy en el campo municipal de Torre Pacheco se equivocó. Por si acaso, los federativos prefirieron no tentar a la suerte y, con el permiso de Luis Aragonés, decidieron cambiar a última hora el plan previsto y dejarse de entrenamiento a puerta cerrada.

Se abrieron las puertas y por ellas entraron más de 1.500 aficionados para arropar en su inmensa mayoría a los internacionales, especialmente a Casillas, Puyol, Villa y Torres. Pocos se metieron con el seleccionador y Villar. Y fueron silenciados por los animosos seguidores que prefieren ver de cerca a quienes todavía les despiertan alguna ilusión.

Es lo que tiene pasarse de vez en cuando por zonas donde no hay fútbol de primer nivel. Es el caso de Murcia, donde España inaugurará el miércoles el estadio de la Nueva Condomina ante Argentina, una selección para la que no hay partidos amistosos. Tampoco lo pueden considerar así los jugadores españoles después de la penosa imagen y los pésimos resultados que arrastran.

Tras un viaje con atmósfera de funeral, los internacionales durmieron apenas cuatro horas para realizar un suave ensayo por la mañana y tener después día libre hasta las doce de la noche. Estaban preparados para tragar con críticas y se encontraron con un recibimiento hasta cálido. "No hay palabras para agradecer esto. Intentaremos recompensar este fenomenal recibimiento ante Argentina", declaró Cesc.