Escoltado por la Policía abandonó Pepe Bordalás el Rico Pérez tras la derrota con el Cádiz que ha puesto su cargo en el patíbulo. El club, a través de su presidente Valentín Botella, aseguró ayer que el técnico iba a seguir en el banquillo ante el Castellón en la próxima jornada, pero la realidad es que el entrenador está casi sentenciado y que su destitución parece cuestión sólo de tiempo, de muy poco tiempo. Sería un milagro que dirigiera al Hércules cuando llegue el duelo copero y Abel Resino y Quique Hernández suenan como alternativas.

Bordalás es víctima de las urgencias que persiguen al fútbol. El Hércules se esforzó este verano para confeccionar una plantilla con la que conseguir el retorno a Primera --su última visita es en la 96-97-- en un plazo de dos años bajo la supervisión de Javier Subirats, nuevo director deportivo tras una exitosa andadura en el Valencia. Para ello, llegaron 18 futbolistas nuevos, el 75% del plantel, con una inversión de nueve millones de euros, pero lo que no llegó en demasía fue la paciencia.

Entre esas incorporaciones había varias de fuste, como Farinós, Tote, De los Santos, Patricio Graff o Ariel Montenegro, todos jugadores curtidos en muchas batallas, y apuestas por la juventud como el zaragocista Piti --en el equipo hay otro ex como Moisés y este verano no se renovó al meta Moso--, Juanlu, cedido por el Valencia, Xisco Nadal, por el Villarreal, el mejicano Galindo o el portero Kossi Agassa, titular con Togo en el Mundial. Esa mezcla y un plantel fortalecido dispararon la ambición en el Hércules, que el año pasado sufrió para mantener la categoría.

Pero las cosas no están saliendo. Los goles han llegado a cuentagotas, la suerte no acompaña y el equipo necesita un mayor periodo de acoplamiento. Bordalás también paga la escasa confianza de la afición y el club en él. Se le renovó en el verano --llegó en la jornada 25 de la temporada pasada-- por haber logrado la permanencia, pero se hizo sin demasiada convicción. Así, tras un inicio de Liga bastante bueno, con dos triunfos, ante el Castilla (0-3) y el Vecindario (1-0), en los tres primeros partidos, cuatro derrotas consecutivas con Tenerife, Murcia, Almería y Cádiz han puesto al técnico en el disparadero y al equipo en zona de descenso.

El Hércules, con 7.000 socios y una asistencia media al Rico Pérez que roza los 10.000 espectadores, no está para mirar mucho a la Copa, pero tampoco para tirarla de antemano, porque desde el club se ve esta competición como una fuente de ingresos para equilibrar el presupuesto.