En el Rico Pérez de Alicante comenzó la andadura zaragocista el año pasado en la Copa del Rey y también lo hará en esta edición, en dieciseisavos de final. Entonces, fue una eliminatoria agónica ante el Alicante, resuelta en la tanda de penaltis tras un gol salvador de Camacho, que dio paso a un torneo vibrante para el zaragocismo, que guarda para siempre en su retina las exhibiciones frente al Real Madrid y Barcelona hasta que llegaron las lágrimas en la final del 12 de abril con el Espanyol. En esta ocasión será el Hércules tras un sorteo celebrado en la Federación Española de Fútbol ayer que deparó muy buena suerte para el conjunto aragonés. Así, evitó a un enemigo de Primera, jugará la vuelta en casa el 8 de noviembre --la ida será el 25 de octubre-- y tendrá enfrente a un bloque diseñado con ambición para lograr el ascenso a Primera, pero que está metido de lleno en una crisis de resultados y juego que debe acabar en la destitución de Pepe Bordalás, su técnico.

El mismo Bordalás se sentó en el banquillo del Alicante cuando el Zaragoza jugó ese primer cruce copero, ya que fichó por el otro club de la ciudad a mediados del curso pasado, aunque lo previsible es que no llegue a este nuevo duelo. Pero no acaban ahí las coincidencias. Sendoa, Mantecón y Edu Albácar estaban aquel día en el once del Alicante y los tres marcaron en la tanda de penaltis que tumbó a su equipo. En el Hércules desearán tomarse la revancha en una eliminatoria que, a diferencia de la del año pasado, será a doble encuentro tras quedar suprimidos los cruces a partido único.

SOBRE LA BOCINA El bombo fue muy benévolo con el Zaragoza. Era un sorteo dirigido en el que los seis equipos supervivientes de Segunda División B iban a tener como enemigos a los europeos y el Zaragoza sabía que su adversario saldría entre los seis que había de Segunda --Castellón, Alavés, Xerez, Málaga, Valladolid o Hércules--, lo que implicaba jugar el choque de vuelta en La Romareda, o los once de Primera, entre los que había enemigos muy duros como Atlético, Betis o Deportivo.

La bola zaragocista fue la última en salir cuando se estaban distribuyendo los adversarios para los equipos de la categoría de plata, justo antes de decidir los cruces entre los conjuntos de Primera. Sobre la bocina, pero con suerte. El Hércules, que eliminó a la Unión Deportiva Las Palmas, es el que peor ha empezado la Liga de entre los posibles rivales de Segunda --está en descenso-- y se evitó a un enemigo de Primera.

UN RIVAL EN CRISIS Es verdad que el conjunto alicantino se ha reforzado mucho, hasta 18 incorporaciones en este verano, con algunos futbolistas muy experimentados --Farinós, Tote o De los Santos, además de dos exzaragocistas como Piti y Moisés--, pensando en lograr a corto plazo el retorno a la máxima categoría, pero este histórico venido a menos es ahora un equipo lleno de dudas y con pocas ganas de mirar al torneo copero. Por eso, la satisfacción era generalizada en el conjunto aragonés, por mucho que se quisieran mandar mensajes de prudencia y alabanzas para el enemigo.

El Zaragoza, con la ventaja que da jugar la vuelta en casa, es claro favorito y no debería pasar muchos apuros, aun con las bajas en la ida de César Sánchez y de Gaby Milito, que arrastran sanción de la temporada anterior, ya que el meta fue expulsado ante el Espanyol en la final y el central vio en ese partido la amarilla con la que cumplía ciclo.

PAPEL MENOS SECUNDARIO Esta campaña el mensaje del Zaragoza ha sido el de recuperar el protagonismo en la Liga, con una meta clara de regresar a los puestos que dan billete a Europa, pero la Copa es un torneo querido en el zaragocismo, en el que se han escrito páginas brillantes y se han levantado seis trofeos. El camino hacia el séptimo, que se truncó de forma abrupta el 12 de abril en el Bernabéu, se reinicia ahora y, de momento, parece asequible.