Tres semanas de torneos, 250 puntos en juego y seis plazas abiertas para acceder a la Copa Masters que cierra la temporada tenística. Y entre los aspirantes a alcanzar la meta, junto a Roger Federer y Rafael Nadal (ya clasificados desde hace meses), está Tommy Robredo. De momento, el catalán figura en el séptimo puesto de una restringida lista que reunirá a los ocho mejores del año del 12 al 19 de noviembre próximos en Shanghai.

Una lista más abierta que nunca y en la que hay poco más de 100 puntos entre el tercer clasificado, el croata Ivan Ljubicic (ver gráfico), y el undécimo, el alemán Tommy Haas. Todos con opciones de entrar y sin contar que alguno de los que vienen detrás no de la campanada en los torneos que faltan, especialmente en los Masters Series de Madrid y París que dan 100 puntos al vencedor.

Pocas veces había estado tan reñida la clasificación final entre tantos tenistas. "De momento estoy dentro, pero las diferencias son muy pequeñas y cualquier error te puede dejar fuera. Para mí poder jugar el Masters es a la vez un reto y un premio", explica Robredo, que esta semana está preparando el asalto final en las pistas cubiertas del CAR de Sant Cugat.

La meta está cerca, pero quizás también por eso evita obsesionarse demasiado. Robredo sabe que para asegurarse una plaza en Shanghai debe hacerlo bien en alguno de los tres torneos que debe jugar: Madrid, San Petesburgo o París. "Queda lo más duro y lo más dificil porque no voy a jugar en mis pistas preferidas pero me siento fuerte para intentarlo", dice convencido antes de jugar en Madrid.

"Con 420 puntos creemos que debería entrar. En los últimos cinco años los que han alcanzado esa puntuación han jugado. Pienso que si llega a cuartos en Madrid tendrá un pie y medio dentro del Masters", asegura convencido su entrenador Jordi Vilaró, que desde el pasado mes de agosto trabaja con el tenista gerundense "para ayudarle a conseguir ese objetivo".

Para Robredo jugar en Shanghai sería el broche de oro a su mejor temporada. "Algo así como ir al All Stars de la NBA". La certificación de un año en que acabará como top ten por primera vez. "El mejor año de mi vida y que, pase lo que pase en las tres próximas semanas, a principios de temporada habría firmado con los ojos cerrados si me llegan a asegurar que acabaría así". Robredo tiene motivos para sentirse satisfecho porque desde el pasado mes de enero ha tenido que superar muchas pruebas. "No ha sido fácil. Tuve un bajón después del Abierto de Australia (ganó solo tres partidos en cinco torneos en la gira americana), cambié a mi anterior entrenador Mariano Monachesi y dejé a mi novia (la tenista argentina Gisela Dulco). Rompí mis raíces y no fue fácil asimilarlo", recuerda.

Cuatro meses solo

Robredo, a sus 24 años de edad, optó por reencontrarse a su mismo. "Empezar de cero y ver que quería o necesitaba de verdad", explica. Durante más de cuatro meses optó por viajar solo, sin entrenador. "Quería limpiar mi cabeza, estar tranquilo. Necesitaba ser independiente y hace las cosas por mi mismo. Se trataba de un paso más en mi formación como persona y tenista", dice convencido. El resultado no pudo ser mejor. Robredo recuperó las ganas de jugar con dos títulos (Hamburgo y Bastad) y una final (Godó).

Esa madurez incluso le permitió superar un golpe como el que sufrió en la Copa Davis ante Italia cuando Emilio Sánchez, el capitán, optó por descartarlo para el doble y el último individual tras perder el primer partido ante Volandri. "Fue un palo muy duro pero lo asumí sin hundirme. Una derrota así en Copa Davis puede dejarte tocado. La verdad es que ni yo puedo explicar que me pasó. Por suerte he reaccionado bien y ya lo tengo superado", asegura. A partir del lunes, en Madrid, Robredo está preparado para demostrarlo.