Se imaginan a Giancarlo Fisichella sacando el domingo de la pista a Fernando Alonso y regalándole el título de F-1 a Michael Schumacher? Eso, imposible que ocurra el domingo en Brasil, donde se decide el título mundial más grande, ocurrió ayer en el trazado de Estoril donde Dani Pedrosa derribó a su compañero de escudería, el estadounidense Nicky Hayden, cuando apenas acababa de empezar el Gran Premio de Portugal, presenciado por 41.098 espectadores, en el que el tricampeón del mundo catalán puso casi en bandeja el octavo título mundial a Valentino Rossi, a quien el mejor Toni Elías de todos los tiempos, el único, el mejor, el renacido, el de aquellas escalofriantes últimas vueltas en 125cc, derrotó sobre la misma línea de meta por dos milésimas de segundo, la menor diferencia de la temporada. La razón no es otra que Elías, en una última vuelta suicida, superó en la última curva a Rossi y Kenny Roberts y ganó al esprint sobre la misma línea de meta.

Portugal, el país vecino, fue escenario ayer de otra desgracia, aunque ésta tiene remedio, fácil remedio, ya que es imposible que Jorge Lorenzo, el muchacho que podía proclamarse campeón del mundo de dos y medio con solo quedar por delante del italiano Andrea Dovizioso, repita una actuación tan mala y asustadiza como la que protagonizó ayer en Estoril, donde concluyó en quinta posición, a 6,402 segundos del ganador, que ahora reduce la desventaja a 13 puntos. Lorenzo sigue teniendo la sartén por el mango ya que, quedando dentro de 15 días entre los cuatro primeros en Valencia, podrá destapar todo el cava que ayer regresó a Barcelona. "Frente a este desastre", dijo Lorenzo, "puedes adoptar dos actitudes: el viejo Lorenzo lo hubiese roto todo; el nuevo os dice que espera ganar en Valencia y solucionar el problema".

LA EXPLICACIÓN DE ROSSI Rossi dio su versión del incidente de la jornada. "Yo sabía que, un día u otro, ocurriría eso, lo sabía y, por qué negarlo, lo esperaba". Rossi, que pudo haber perdido la carrera de ayer, no solo ante el mejor Elías, sino incluso frente a Hayden y Pedrosa, pues el italiano erró en la elección de su neumático trasero, explicaba ayer que no tenía sentido el pique que Hayden y Pedrosa arrastran, sin arbitraje alguno por parte de Honda, desde que empezó la temporada. "Pedrosa, que se cree una estrella, un gallito, era simplemente el quinto del Mundial y el desterrado, aquel al que ni siquiera quiere Honda, Nicky, era líder del campeonato. La verdad, no tiene sentido lo que ha ocurrido".

Nadie entendía nada en Estoril. Especialmente, no se entendía como Honda no dio órdenes de equipo a sus pilotos, que salieron desbocados. "En Honda no manda nadie. ¿Yo? Cuando les ofrecí hacer esa función, no me quisieron", decía Mick Doohan, instalado en el boxe de Honda, donde ni un solo japonés quiso dar explicaciones.

EL ARREPENTIMIENTO Pedrosa estaba apenado. "Lo único que puedo pedir es perdón", explicó el catalán, a su regreso de intentar arreglar el desaguisado tras visitar a Hayden en su camión-vivienda. "No quería pasarle, ni mucho menos. Simplemente he llegado más rápido que él a la curva, Nicky ha frenado antes de hora, yo me he metido dentro y, al pisar el piano, me ha patinado la rueda delantera. Al caerme he pedido a Dios no llevarme por delante a Nicky, pero no he podido evitarlo. Lo siento de corazón, espero poder echarle una mano en Valencia para resarcirme de este inmenso error".

"No esperaba que me abriese la puerta al título", decía melancólico Hayden, "pero tampoco que me tirase. De Dani esperaba una carrera de compañero, ninguna otra cosa más". ¿Espera que Honda penalice a Dani? le preguntó Paolo Scalera, del Corriere dello Sport. "¡Ni hablar!", dijo Hayden, "necesito que me ayude a conquistar el título, acabando segundo en Valencia por detrás mío y delante de Valentino".