Dieciséis temporadas como técnico, pasando por el fútbol base, Preferente y Tercera (en la que cumple su sexta temporada) pero, aunque parezca broma, esta temporada no va a ser fácil para Luis Cabeza.

Primero, porque el Calatayud que entrena quiere dar un salto cualitativo y, segundo, porque tener en la plantilla a tu hijo, recién salido de División de Honor Juvenil, es una píldora envenenada, como se dice en el mundo de los negocios. Sobre ésto, comenta: "No es fácil. Lo hablábamos en el coche volviendo hacia casa tras el partido de ayer".

En una situación así nadie está a salvo de suspicacias pero, dentro del club, tiene claro que no se producirán: "Por supuesto. Está completamente integrado en el equipo y además fue una apuesta del Presidente, porque encaja en la filosofía de jugador joven que ha estado en equipos como el Amistad, Stadium Casablanca y Balsas de División de Honor", comenta. Además, tiene claro que no lo alinea a capricho: "Cuando el equipo lo necesita juega y cuando no, no juega", sentencia.

Problablemente, de forma aislada, podría ser un tema mediano, parte de los avatares de un entrenador. Pero junto al hecho de que el Calatayud se haya mostrado más ambicioso, constituye un estrés añadido. Máxime, en una población de las más importantes de Aragón. En este sentido, la comparación con La Almunia, donde estuvo tres temporadas, es inevitable: "Hay una gran diferencia porque, aunque económicamente está un punto por encima, estamos hablando de la segunda población de Zaragoza. Tanto en lo deportivo, como en el tratamiento de medios de comunicación, hay una diferencia considerable", explica. En lo deportivo, el club apuesta por conseguir un equipo de prestigio: "La exigencia en estos momentos es alta porque se ha hecho un equipo competitivo, para tratar de situarnos en la parte alta", dice.

En este sentido, ahora vienen unos rivales en la Liga que pueden marcar el devenir del equipo: "Hemos ganado a rivales con un potencial importante, como Monzón y Sabiñánigo y ante el Teruel sabíamos que podíamos perder. Ahora vienen equipos más asequibles y se verá lo que podemos dar", apunta. Y eso que ayer el Ebro, uno de esos rivales, les ganó, aunque el árbitro no le gustó: "Para nosotros no corría peligro el resultado de no ser por una jugada a balón parado o un penalti como el que se inventó el árbitro", concluye.