Papá Elías no paraba de abrazarse a los componentes del equipo Fortuna-Honda mientras caminaba hasta el corralito donde acababa de llegar su hijo tras dar una curiosa vuelta de honor al trazado de Estoril, sin conocer, a ciencia cierta, si había derrotado a Valentino Rossi sobre la misma línea de meta.

Mamá Mei, mientras, lloraba desolada su felicidad, incómodamente sentada en el scooter de su hijo, aparcado a las puertas del boxe de la escudería de Fausto Gresini.

Llegó Toni, se sacó el casco y, antes de secarse el sudor, miró a su padre y le preguntó: "¿He ganado, verdad?". Había ganado, sí, y su padre no pudo contener las lágrimas. Y llegó corriendo mamá Mei. Y Fabrizio Cecchini, su técnico, levantó en volandas a su pupilo. Y empezó la fiesta.

No era para menos. Elías fue ayer, en Estoril, el protagonista positivo del GP. Hacía más de dos años que Elías, de 23, no ganaba un gran premio. Fue también en Estoril. Y fue en dos y medio. Y fue ante Sebastian Porto, Randy de Puniet y Dani Pedrosa. "He ganado al dios Rossi y eso es muy grande, bueno es ¡la hostia!", comentó un eufórico Elías, que reconoció haber pasado mucho miedo --"me asusté de verdad"-- cuando, a media carrera, se colocó líder y sufrió tres sustos "de narices".

"Hacía tanto tiempo que no experimentaba la sensación de liderar una jauría de campeones", explicó Elías. "Tanto que he estado a punto de caerme en dos curvas y cascarme un recto en la chicane, así que saqué el pie izquierdo y le pedí a Rossi que se hiciera con el mando del grupo". "Cuando me pasó Toni", contó Rossi, "le ví pilotar como un diablo y pensé ¡caray, éste va rápido!" Pero, sí, el heptacampeón aceptó tomar el mando de las maniobras tal vez recordando --"pues sí, por qué no reconocerlo", dijo el italiano-- el Gran Premio de España, en Jerez, cuando el manresano le tiró en la primera curva.

Elías reconoció que se lo había jugado todo en la última curva. "Pensé que liderando el grupito en el inicio de la última vuelta tendría suficiente, pero Rossi me pasó ya en la primera curva, así que me lo tuve que jugar todo al final. Me pegué a Roberts y Rossi, tanto que incluso notaba los bufidos de los escapes de Valentino en mi visera, los pasé en la última curva, abrí gas a tope y cerré los ojos".

Por eso no se enteró de que había superado a Rossi por dos milésimas. Un mísero palmo.