La victoria, claro. Eso fue lo mejor. No lo niega Chus Mateo. Su CAI sigue con el motor gripado, ofreciendo un pobre menú de juego, aburriendo... pero ya gana. Algo es algo. "Lo más positivo es la victoria, aunque no juguemos bien. La dureza de la Liga te hace valorar mucho cada victoria, porque no sabes quién te puede ganar", afirmó Mateo. La exigencia es alta. "Hace falta quitarnos la presión para jugar más sueltos. Los nervios no nos dejan estar a gusto. Todavía no hemos mantenido una línea constante", contestó el entrenador del CAI.

Tres tareas, según Chus, quedan por completar. "Crecer desde la defensa y el rebote, mejorar los porcentajes y que funcione el cinco contra cinco en estático", confesó y no negó que su equipo sigue "con muchas carencias".

Mateo pidió aplausos a la afición durante el encuentro y luego intensificó esta petición en la rueda de prensa. "Es importante que el equipo sienta que su gente está con él. No hemos dado nada para que confíen en nosotros, pero somos como un niño pequeño que espera que su padre le diga muy bien cuando hace algo", declaró Mateo, que concluyó esta teoría: "Ahora no estamos para agradar a nadie, pero sí orgullosos del trabajo y la pelea. En la LEB, los que sufren, pelean y salen adelante se hacen más fuertes", concluyó Mateo.

LOS TRES PECADOS DE OCAMPO Su homólogo en el Tarragona, el laborioso Diego Ocampo levantó tres dedos para identificar lo que le faltó a su equipo para ganar. "El dominio del rebote y la concesión de canastas fáciles al contragolpe al final y el acierto de tiros libres durante todo el partido", aseveró el gallego. "Se me ha quedado sensación de tonto. Nos han hecho un 12-6 en los últimos cinco minutos. No hemos sabido sacar faltas para ir a la línea, hemos tirado de tres sin balance, hemos lanzado todo a la basura en dos minutos. No sabemos acabar las cosas, terminar los partidos, nos pasó lo mismo ante el Palma", sentenció Ocampo.