El otro Madrid apareció en Bucarest, justo en el momento preciso. Se jugaba la segunda plaza de su grupo después de haber tocado fondo en Getafe, pero los blancos ofrecieron su mejor versión en lo que va de temporada hasta redimirse con una cómoda victoria (1-4) en un choque que siempre tuvo de su lado y en el que recuperó casi todas las virtudes que se le suponen. Pese a la goleada, el Olympique de Lyón sigue al mando del grupo tras su triunfo en Kiev ante el Dinamo (0-3).

Bastó un poco de sentido común en Fabio Capello, que situó a Robinho en la banda izquierda, para que el Madrid tuviera la profundidad de la que viene careciendo. A ello se sumó la actitud y el hambre de unos jugadores que dieron la cara. En tres días, el Madrid se transformó en un equipo de fútbol. Tal fue el cambio que de no tirar una sola vez entre los tres palos el sábado, ayer en el primer cuarto de hora ya lo había hecho en tres ocasiones. De la pésima imagen ofrecida el sábado, los blancos se tornaron en un conjunto solidario, capaz de arroparse en todas las líneas y con una idea común: salir del pozo donde quedaron instalados hacía tan solo 72 horas. Nada de eso debió pensar el conjunto rumano, que en la comida previa al encuentro llegaron a ofrecer a Radoi, un central de 25 años que fue operado de menisco el pasado verano. No hizo falta porque Helguera se reivindicó como un central de altura.

CAMBIO DE IDEAS Para mantener al cántabro en el centro de la defensa junto a Cannavaro puso a Sergio Ramos de lateral derecho, algo que iba en contra de los principios del entrenador italiano. También lo era poner a Robinho de titular, pero el brasileño dejó claro que tiene un sitio en un equipo que quiera ir a por el partido, tener profundidad o salir a la contra con rapidez. Todo eso lo sabe hace Robinho con una cierta sencillez. El brasileño fue un tormento para la defensa rumana. Se movió como en el salón de su casa, participó en el segundo gol y marcó el tercero. Dibujó un recorte y marcó de fuerte disparo con la derecha.

Suyo también fue el primer disparo del Madrid a los cinco minutos, justo cuando los blancos comenzaban a sacudirse la salida en tromba de los rumanos. Lo consiguió poco después con el tanto de Sergio Ramos, que cabeceó un saque de esquina lanzado por Guti (m. 9). El canterano volvió a dirigir a su equipo con maestría después de su espantada en Getafe. Enfrente, el Steaua seguía a lo suyo. Trataba bien la pelota, pero carecía de pegada o si la encontraba apareció a Casillas, como en un disparo de Dica (m. 20).

Nada pudo hacer Fernandes en el otro área para evitar el segundo tanto, obra de Raúl. La jugada la inició Robinho, el balón llegó a Emerson, que asistió a Van Nistelrooy. El tiro del holandés lo rechazó el meta del Steaua y el capitán blanco marcó a placer (m. 34). Fue el tanto de la tranquilidad. Por si acaso, Robinho amplió la cuenta (m. 56). A partir de ahí el Madrid lo dio todo por hecho. Se metió atrás y el Steaua jugó sus mejores minutos. Badea marcó tras un error de la defensa blanca (m. 64). Pero Van Nistelrooy cerró el choque con una bella vaselina (m. 76).

Hasta Pedja Mijatovic cambió su cara después de haber tenido que desmentir por la mañana que Capello hubiera presentado su dimisión tras el esperpento de Getafe. Incluso Ronaldo tuvo sus minutos. El brasileño conoció antes del choque la sanción de un partido que le impuso el Comité de Competición por la doble amarilla del sábado. El club seguirá con los recursos porque quieren verle ante el Bar§a. Igual que el madridismo a Robinho.