Luis Carlos Cuartero se ha unido a la decena de jugadores de Primera División que se han roto algún ligamento de sus rodillas en los últimos tres meses, un club que ha sufrido un aumento espectacular de socios en un periodo de tiempo demasiado breve. Gonzalo Rodríguez y Robert Pires (Villarreal), Marchena (Valencia), Bodipo (Deportivo), Cicinho (Real Madrid), Óscar López (Nástic), Tiko (Athletic), Maxi Rodríguez y Petrov (Atlético de Madrid) y, ahora, el capitán zaragocista, tienen por delante unos largos procesos de recuperación, que nunca bajan de seis meses y que pueden alargarse toda una temporada. Los diez tienen otra cosa en común: sus lesiones parecen fortuitas. Un mal gesto, un estiramiento de más, la mala suerte, y alguno de los ligamentos de la rodilla acaba cediendo.

"No puedo hablar de los casos particulares porque carezco de datos para valorarlos, pero el hecho de que se hayan producido tantas lesiones similares en tan poco tiempo hace saltar la alarma. Hay que estudiarlo porque está ocurriendo algo", explica el médico José Antonio Casajús, exfutbolista del Real Zaragoza. Habitualmente se achaca a la mala suerte ese tipo de acciones, o se pretende culpar al estado del césped, como en el caso de Maxi en La Nueva Condomina, pero lo cierto es que las rodillas de los futbolistas de élite sufren más en los últimos años que antes y esas lesiones no distinguen escenarios ni nombres. La pasada campaña, el Barcelona padeció una plaga y, ésta, Etoo se rompió el menisco en la penúltima jornada de la Champios. No es el ligamento pero también se trata de la rodilla, una de las zonas más sensibles para el futbolista.

Sin justificación

"Hay que estudiar el mecanismo de producción. Normalmente hay una fijación de la parte interior de la pierna y un giro de la parte superior, que es lo que produce la rotura, pero realmente no hay elementos que justifiquen tanta lesión", continúa Casajús, que insiste en la observación para valorar si puede aplicarse algún tipo de medida de prevención que proteja las rodillas de los futbolistas y los intereses de los clubs, que salen altamente perjudicados de estas situaciones.

"Hay muchos factores que tener en cuenta. Ahora se entrena más, se exige más a los jugadores y se acortan los plazos de recuperación", explica Casajús. Los cuatro ligamentos que unen la parte inferior del fémur, la rótula y el extremo superior de la tibia y el peroné son como unos delgados filamentos que permiten y limitan el movimiento de la rodilla y que, en el caso de los futbolistas, están sometidos a una carga continua que les produce un desgaste tal que, en un momento determinado e inesperado, sufren un último golpe, un último giro que provoca la temida rotura. El desgaste, generado por un exceso de trabajo no proporcional al descanso, puede ser una de las claves. Curiosamente, una fuerte entrada o un duro golpe en la zona son las causas menos frecuentes.

Intentar recortar los tiempos de curación de una lesión de tanta importancia puede ser un problema una vez producido el daño. "Se trata de una de las peores que puede sufrir un jugador porque es la que más cuesta recuperar y una complicación en esa recuperación puede agravar el proceso", añade Casajús. Es el caso, por ejemplo, de César Jiménez, que todavía no ha levantado cabeza desde que Luis Figo le destrozara la rodilla hace casi dos años. Pero, por el momento, es casi tan difícil luchar contra este tipo de lesiones como intentar frenar las ganas de un futbolista por volver a jugar.