"Claro que duermo bien. ¿No sabe que vendo colchones?". Alfonso Pérez Burrull, de 41 años, dirigirá el domingo el cuarto Madrid-Barcelona de su carrera. Su deseo para ese encuentro es que haya más goles que tarjetas. El colegiado cántabro no es ajeno a todo lo que ha sucedido en la última jornada de Liga con los arbitrajes, pero no va más allá de la típica frase de muchos de sus compañeros. "Cometemos errores como todo el mundo", apuntó ayer durante la rueda de prensa que los colegiados han decidido ofrecer antes de los grandes partidos esta campaña.

Todavía desconoce cuándo hablarán los árbitros después de un partido en lugar de hacerlo unos días antes de dirigir el encuentro para el que fue designado. Tampoco le gusta que después de un error llegue la crítica más feroz. "Que yo me equivoque y que eso suponga un robo no está bien", dice. El domingo se enfrenta a un choque diferente. "No es un partido más, es una reválida", asegura el colegiado cántabro.

EL DUA DE FIGO Aún recuerda su primer clásico en el Camp Nou, con Figo con la camiseta blanca. "Fue una locura. Los jugadores ni oían el silbato. Luego, un futbolista me dijo que había dos personas encadenadas a un poste y pensé que me estaba vacilando", recuerda Pérez Burrull. Asegura que suele ver todos los partidos que dirige, pero no lo hace al día siguiente. Evita analizar la labor de sus compañeros para no saltarse un código no escrito y el corporativismo de este colectivo. Tampoco desveló si tiene más simpatías por Madrid o Bar§a. "Soy de Comillas (Santander). Así que ya sabe de qué equipo soy".