El Betis puede presumir de ser junto al Zaragoza el equipo que más cambios ha sufrido en los últimos tiempos, pero los está llevando bastante peor. En Heliópolis se ha vivido una revolución en la que Manuel Ruiz de Lopera, propietario del club, está en un segundo plano teórico --que no real-- tras pasar de la devoción absoluta de la afición a los pitos. Además, se fue Serra Ferrer del banquillo, el técnico que más éxitos dio al equipo en los últimos tiempos, con una Copa y una presencia en Champions como momentos más brillantes, y Joaquín y Oliveira, dos de sus futbolistas más decisivos, también abrieron la puerta de salida --las arcas del club recibieron 40 millones de euros por ello--. Demasiados cambios y no menos dudas, con el equipo en zona de descenso y sin encontrar el amparo de los buenos resultados. Todo, acrecentado con el momento impresionante que vive el Sevilla, vecino y gran enemigo.

Al Betis ha llegado un nuevo presidente, José León, Javier Irureta tomó las riendas del equipo y hasta ocho fichajes y un desembolso de 20 millones realizó el club, cuatro de ellos --Wagner, Sobis, Odonkor y Vogel, los más importantes-- sobre la bocina del mercado después de las incorporaciones de Maldonado, Damiá, Vega y Romero. También a última hora salieron Joaquín y Oliveira, con lo que Jabo se encontró con mucho trabajo con la Liga ya empezada.

El presidente ´cuchara´

Ahí ha estado la explicación de mayor calado para entender el mal inicio del Betis. Pero hay otras. Las lesiones de jugadores básicos como Rivas, Arzu o Assun§ao, que regresa precisamente hoy, también han pesado, lo mismo que un Irureta que no termina de dar con la tecla, la mala suerte en momentos puntuales, como en los partidos ante Madrid o Sevilla, y la irregularidad de la gran mayoría de los futbolistas. Sólo Juanito en defensa ha mantenido el tipo, porque Edu o Rivera están guadianescos mientras que de los nuevos tampoco hay demasiado que destacar. Sobis, esta noche baja por sanción, ha tenido sólo momentos estelares, Vogel no ha llegado al mejor nivel físico, Romero no cumple con las expectativas, Damiá está lesionado y Odonkor vive serios problemas de adaptación.

Sin embargo, el mayor problema que tiene el Betis es el desencuentro entre Lopera y la afición. ¡Quién lo iba a decir hace un tiempo! El ahora expresidente, que controla el club con la propiedad de algo más del 52% de las acciones, alcanzó su cénit con la Copa del Rey en el 2005, con pasaporte a Champions por la Liga incluido, pero el curso pasado fue devastador a todos los efectos, empezando por la lesión de Oliveira.

Con serios problemas en la Liga por el peso de la presencia europea, Lopera se cansó de escuchar la bronca de la grada en el partido ante el Anderlecht y pocos meses después designó a José León como presidente, aunque él sigue controlando los destinos del club. La guasa sevillana no tardó en encontrarle apodo al nuevo dirigente: El cuchara, porque, se asegura, ni pincha ni corta. También se le acusa de ser un títere y una marioneta de Lopera. "Me dan igual esas acusaciones, sé cuáles son mis funciones y estoy por encima de lo que digan", ha declarado recientemente en una entrevista León, uno de los béticos ilustres y que ocupó ese sillón con anterioridad en dos ocasiones.

Esa nefasta temporada pasada también deterioró hasta extremos impensables la gran relación entre Serra Ferrer y Lopera, por lo que el técnico tuvo que hacer las maletas para que llegara Irureta tras un año sabático, otra de las decisiones que no gustaron a la afición. Ésta sigue señalando al propietario pese a su salida virtual del club, como se puso de manifiesto con la bronca en el último partido de Liga ante el Depor. Y Lopera mira para otro lado, atrincherado en sus oficinas en la sevillana calle de Jabugo y asegurando que él es sólo el representante de la accionista mayoritaria en el Betis y a la que la guasa de la ciudad también ha puesto nombre: La Manolitaria, en referencia, claro, al nombre del expresidente.