El pasado 25 de julio no lo olvidará fácilmente el comandante Alberto Ayora. Cumplió uno de los sueños de su vida cuando llegó a la cima de un ochomil. Fue el Gasherbrum II, una montaña del Karakorum de 8.035 metros junto al cabo Kiko Borja, el capitán Fernando Yato y el alpinista de Mayencos Javier Dumall. Ya han pasado más de dos meses desde entonces y ahora reconoce que está enganchado al Himalaya. Cuanto más lo conoces, más le quieres. "Que se lo pregunten a nuestras mujeres, que son las primeras víctimas de nuestras ausencias", afirma.

Ayora, que se conoce las montañas de medio mundo, reconoce que "Rosa, mi esposa, lo pasa mal. Pero se da cuenta de que cuando estás en el Karakorum, haces una cosa que te gusta. Entiendo que ella tenga ciertos celos a la montaña al robarte ese ser querido" Pero saca conclusiones positivas de su romance con las grandes cimas. "Soy un hombre afortunado. Mi mujer me entiende y siempre me ha apoyado en todas las salidas que he realizado por el mundo. Sabe que es mi trabajo y una forma de vida", apunta Ayora.

Los grandes montañeros aragoneses como Pauner, Ortas, Ubieto o el malogrado Pepe Garcés, indicaban que el himalayista es egoísta. "Estoy de acuerdo con ellos. Si el alpinista tiene familia a la que atender, durante un tiempo determinado la deja y a partir de ese momento miramos mucho por nosotros mismos".

El mismo camino

Su fuerza se apoya en la familia. Sus tres hijos han elegido el camino del deporte en una ciudad com Jaca con una amplia oferta. "El mayor de 16 años, Alberto, practica hockey sobre hielo. Ignacio tiene 15 años y está en la selección aragonesa de esquí de fondo. La pequeña, Laura, juega a fútbol en el Fútbol Club Jacetano y es otra atleta en potencia".

Es un hombre sensible y romántico pero, a la vez, frío y calculador. En sus aventuras con los ciegos de la ONCE en los Alpes, Pirineos, el Elbruz o el Cotopaxi tuvo un goce mucho más intimo que en las dos horas que estuvo en la cima del G-II. "El Gasherbrum II no me significó mucho. En estas montañas sabes que la cima está abajo". Lo dice por experiencia puesto que los peores momentos en el G-II fueron bajando. "Bajando el cabo Borja tropezó y cayó por una pala de 150 metros. Se lesionó de las cervicales y tuvimos que hacer un vivac a 7.700 metros", afirma.

Pese a que su padre y dos de sus hermanos son militares, confiesa que su relación tan estrecha con el ejército se debe más bien a su amor por la montaña y, sobre todo, a su pasión juvenil por la geología. "Cuando ingresé en la Academia General Militar creo que no buscaba el ejército en sí, sino la vida en el campo. A mí lo que me gustaba era ser Ingeniero de montes o Ingeniero de minas. Pero por aquel entonces no se podía estudiar en Zaragoza", dice Ayora.

El año 96 conoció el Himalaya como miembro del Grupo Militar de Alta Montaña. Fue el Gasherbrum I. "Hicimos cima, pero desgraciadamente perdimos un compañero, el Teniente Álvarez. Me di cuenta que tenía que prepararme para reconocer mis límites".

En el 2010 el Grupo Militar de Alta Montaña cumple 25 años. "Nuestro más inmediato objetivo es realizar las siete cimas del mundo. Nos falta la Pirámide de Carstenz, en la isla de Papúa Nueva Guinea". Y en el 2010 quieren llegar a la meta del K-2.