Si lo importante era el resultado, entonces el CAI Aragón salvó los muebles, sumó dos puntos vitales y se regaló dos semanas de tranquilidad hasta que llegue Europa. Si había que fijarse en el juego del equipo, entonces hay mucho que contar porque el CAI fue un conjunto bipolar que ofreció dos caras tan diferentes que parecía increíble que el mismo equipo de la primera mitad fuera el que terminó el encuentro. El primer CAI fue el que se lleva esperando desde hace meses, con todos los jugadores concentrados y motivados al máximo, una defensa sólida y un ataque alegre. El segundo fue el de costumbre, agrietado, nervioso, impreciso.

El partido no sirvió para despejar las dudas, pero al menos los zaragozanos se instalaron en la sexta plaza de la Asobal. El CAI cerró filas desde el inicio. Ortega, Prendes y Sorrentino formaron un núcleo defensivo ante el que el Darien, modesto pero bien equipado, se estrelló una y otra vez. Por primera vez esta temporada, la defensa del cuadro naranja funcionaba como debía de hacerlo.

Si la portería está bien cubierta es más sencillo correr al ataque. Con 3-3 en el marcador, Pablo realizó la primera parada de mérito de la tarde y solo dejó que le marcaran dos veces, y desde los siete metros, durante 20 minutos. Con el candado puesto, Ortega asumió el liderazgo para el que está llamado, Prendes dominó desde el pivote con total naturalidad, Zaky sacó la muñeca y Cartón mataba desde el extremo. Rivera fallaba algún contragolpe, porque hay cosas que no cambian. La ventaja no dejó de aumentar durante 20 minutos, en los que solo Hávard logró batir a Pablo en dos penaltis. En el minuto 13, incluso Lapajne le detuvo un penalti al extremo noruego. La máquina carburaba a todo gas.

OTRO EQUIPO El CAI solo encajó nueve tantos en la primera media hora y logró 16, casi todos los hombres que habían salido a la pista habían logrado anotar y Pablo estaba todavía más inspirado que de costumbre. Los pájaros cantaban y el sol brillaba. Como en un cuento de hadas. Pero llegó el descanso y, con él, los nubarrones y el CAI gris y nervioso de otras tardes. El partido cambió de forma radical. Pese a los siete goles de diferencia, el equipo de Alberto Suárez no dio el choque por perdido, regresó a la pista como si comenzara entonces el encuentro y puso contra las cuerdas a un CAI que se las prometía muy felices y que terminó sudando tinta china para llevarse los dos puntos.

De pronto, el equipo dejó de hacer bien lo que había hecho en la primera parte. La defensa era un muro a punto del derribo, las ideas escaseaban en ataque y el Darien, poco a poco, iba recortando diferencias. Los siete goles de distancia se convirtieron en cuatro, luego en dos, y los nervios volvieron a instalarse en los hombres de Kosovac. Apareció entonces el capitán Sorli para rescatar al equipo. Anotó los tantos imprescindibles para mantener el pulso anímico del grupo y provocó el primer lanzamiento de siete metros para el CAI de todo el encuentro. El Darien siguió intentándolo, pero ya era demasiado tarde y su cambio de defensa fue estéril. La mejor versión del CAI había ganado a su rival y a su mitad más oscura e inquietante.