Seguro que Jesús Paredes, preparador físico de la selección y uno de los hombres de confianza de Luis Aragonés, se fue del palco de La Romareda convencido --si no lo estaba ya, claro-- de que en Zapater hay un futuro internacional absoluto. Pero es que resulta fácil de intuir que ese futuro es muy próximo, cada vez más cercano, como el futbolista de Ejea mantenga la línea que lleva en este curso. Mejor dicho, la línea que sigue desde que subió al primer equipo en el verano del 2004; una progresión constante, un crecimiento imparable para situarse entre los futbolistas jóvenes con mayor porvenir de España y, ahora mismo, como uno de los mejores centrocampistas de la Liga.

Zapater echó balones fuera cuando se le preguntó por la presencia de Paredes. "Su labor es ver partidos y habrá venido también por otros jugadores. Pero siempre que al equipo le vaya bien, en lo individual también saldrán las cosas", dijo. Sobre el césped estaba Juanito, fijo en la absoluta y Melli, también sub-21, pero las miradas de Paredes apuntaron a Zapater, porque hace tiempo que Luis lo tiene en mente. Ahora, la ausencia de la sub-21 en el Europeo y en los Juegos y la revolución que necesita hacer el seleccionador abren la puerta de la absoluta a los fijos en el segundo equipo, como el ejeano. El próximo choque es en Cádiz ante Rumanía el 15 de noviembre. ¿Su debut? ¿Por qué no?

Desde que empezó el curso es el futbolista más regular en el Zaragoza, el que siempre rayó a buen nivel. Ayer también, ya que fue de los pocos que conservó el tipo en el desdibujado segundo acto tras una gran primera mitad de todo el equipo. Al de Ejea además le ha sentado de maravilla el cambio de sistema. En el rombo su gran momento no le daba para tapar todas las vías de agua. Ahora el apoyo de Celades en el doble pivote le supone un respiro en la contención y está más suelto con el esférico en los pies, sobre todo en su asociación con Aimar.

Por eso se hartó de cortar el juego del Betis antes del descanso, como si tuviera un imán, para después mover el balón con facilidad, viendo el desmarque de Aimar o el movimiento de D´Alessandro. Sencillo y efectivo --ni un solo error--, desquició a Edu, que se marchó expulsado, y recibió dos ovaciones de la grada. Un buen balance para su tremendo derroche físico. Tras el descanso mantuvo el tipo en la contención pese al evidente bajón del equipo y de su compañero en el doble pivote, aunque no se lució tanto con el esférico porque el Zaragoza no jugó a nada. Aun así, la afición le volvió a obsequiar con un aplauso tras una carrera para evitar un saque de esquina. Así es Zapater, incansable y un futbolista que no se pone techo, porque no lo tiene. La absoluta le espera.