De campeón a campeón. De un título a otro, de una leyenda que se va a otra que nace. El relevo de cracks tomó cuerpo en Brasil. Michael Schumacher, el piloto con el palmarés más grande, más extraordinario, casi irrepetible, abdicó en Fernando Alonso sobre la pista de Interlagos. El año del gran duelo concluyó con el segundo título del asturiano y el adiós del alemán. Tuvo que ser en la última carrera, bajo la bandera a cuadros, después de una memorable remontada del Kaiser y de una demostración de serenidad y talento del ovetense. Se va un grande entregando el testigo al único que puede superar su formidable lista de récords. Ya suma dos, pero vendrán más.

Alonso ha ingresado en el selecto grupo de pilotos que suman dos títulos, apenas catorce, pero con solo 25 años y unos pocos meses, el más joven en la historia de la F-1. "Marcará una época, como Fangio, Stewart, Senna o el propio Schumacher", aseguran tipos como el propio Jackie Stewart, Niki Lauda o Emerson Fittipaldi. Es rápido, calculador, insaciable, profesional... lo tiene todo. Solo así ha podido batir a Michael Schumacher en una temporada trepidante. Y no ha sido el alemán un piloto en decadencia, en su cuesta abajo. Nada de eso. Peleó con sus mejores cualidades durante toda la temporada y mostró hasta la última carrera las virtudes que le han hecho leyenda. Retrasado hasta el último lugar y con un minuto perdido sobre los primeros, completó en Interlagos una remontada memorable que descubrió una vez más su talento y ambición.

Ese es el valor del segundo título de Alonso, ganar al más grande con un gran coche en un año plagado de decisiones polémicas y de comportamientos al límite fruto de la presión. "Este año ha pasado de todo, pero creo que al final ha ganado el mejor equipo", decía Fernando consciente de la importancia del reino que acaba de heredar.

El asturiano no cruzaba palabra, ni siquiera una mirada con Michael Schumacher desde que el alemán aparcó su Ferrari en la Rascase durante la calificación de Mónaco para obstaculizar la vuelta del asturiano. Ayer volvieron a estrecharse la mano y se desearon suerte antes de la carrera ante cientos de objetivos. Fue pura educación. Schumacher resumió después sus sentimientos. Un "Felicito a Alonso" fue lo único que salió de su boca ante el segundo título mundial del asturiano. "Que sea feliz con su familia" fue lo mejor que Fernando le dijo al alemán. No le echará de menos.

La calificación de Monza desencadenó una guerra fuera de las pistas que se extendió con la extraña prohibición por parte de la FIA de utilizar el mass damper, la desproporcionada sanción de Hungría, la injusta sanción en Monza. Alonso se ha hecho grande en la pista y fuera de ella denunciando lo que todo el mundo conocía pero que nadie se había atrevido a criticar. Así son los campeones.

CELEBRACIÓN TOTAL

Alonso ha logrado su segundo título ante el mejor rival y frente a un rosario de adversidades con las que no contaba a principio de temporada y que le han hecho ver que estaba rodeado de un gran equipo, "unido hasta el final" y que cuenta con una legión de millones de seguidores "que nunca me han dejado solo. Este título es para todos ellos", afirmó extendiendo sus agradecimientos a Michelin.

Celebrará el título a lo grande antes de ponerse a pensar en McLaren. No es para menos. "Esta noche disfrutaré con el equipo de carreras de estos dos títulos y después me iré a Inglaterra para celebrarlo con el resto en mi despedida de Renault. Después pienso celebrarlo en Oviedo con todos mis fans el sábado o el domingo, se lo merecen", explicó el asturiano tras bajar del podio.