No es tan rotundo en los gestos del remate como demoledora su insistencia, y sus goles tampoco desprenden por lo general el aroma de la pureza estética. Porque su gran secreto es pasar lo más desapercibido posible, tanto que ingresar en la historia parece importarle un comino. En su proceso animal de mimetismo depredador tampoco se adorna después de la caza. Escenifica celebraciones alegres aunque sin adornos barrocos. Un grito, una carrera breve de pasos medidos, un abrazo, una sonrisa de complicidad... y entre los colmillos los restos de la pieza para decirle a la manada que es el rey y al enemigo que su apetito carece de límites.

Diego Milito, como todo delantero, vive de las rachas, que es un viento antojadizo que sopla para estos seres únicos, pero se diría que el argentino lleva una veleta mágica que le indica con puntualidad por dónde viene el soplo de la gloria. Sus siete tantos (los cinco últimos de forma consecutiva) en siete jornadas de las que sólo ha participado en seis, confirman su estado de gracia y lo han elevado junto a Kanouté a la lista de máximos realizadores del campeonato. Otros, sentados en ese trono, pedirían trato de eminencia, pero el sosías físico de Francescoli, quizá por su modesta procedencia --el Genoa-- o por su carácter de laborioso jornalero, sigue con los pies en la tierra, esperando para aumentar su colección antes de permitirse soñar consigo mismo. Ni siquiera el ascenso de su fama le ha hecho presa fácil porque ¿quién atrapa una sombra?

NtMEROS MAGNUFICOS Sus números son magníficos. Un gol cada 66 minutos hacen de él un artillero continuo, sin duda la mejor virtud para estos futbolistas en una época en la que las ocasiones se presentan como la lluvia en el desierto. Los adjetivos superlativos, sostenidos por unos guarismos que de mantenerlos van a dispararle al salón de las grandes estrellas, son insuficientes para definir su efectividad para un Real Zaragoza que compensa la irregularidad de su juego con la estabilidad de su matador principal, cuya gula martilleante tritura asistencias, rechaces, acciones personales... Y sólo ha lanzado, con éxito, un penalti, en San Sebastián.

El conjunto aragonés, este ejercicio más aún si cabe, está en las redes de El Príncipe. El equipo de Víctor Fernández ha regresado como sexto a la zona europea gracias a las pistolas de oro de Diego, quien abrió su cuenta corriente en Riazor para aumentarla con el segundo tanto frente al Espanyol. Una lesión a los 13 minutos del choque ante el Mallorca le hizo desaparecer en Villarreal, pero en su regreso firmó el empate suicida contra el Levante para, en Anoeta, firmar su primer doblete. El domingo repitió por dos veces en la victoria sobre el Betis. Lleva así el 43% de los goles del equipo, una cantidad que enmarca su ascendencia en esta plantilla.

Versátil sin que una especialidad determinada le caracterice --su falta de egoísmo le sitúa fuera también del linaje de los auténticos 9--, sí hay un par de detalles suficientes para clasificarle y reconocer su grandeza: lleva en la cabeza cada jugada antes de que comience el partido, dejando un mínimo resquicio para la improvisación, y por lo general marca el primero. Este último detalle es su gran excelencia. Sus goles son de máxima calidad. No se trata de un delantero que sume para nada o para aumentar una tarde arrolladora de sus compañeros.

Desde que llegó al Real Zaragoza en septiembre del año pasado ha dado 21 veces en la diana en 18 encuentros de los 42 en que ha participado en Liga. En once de ellos ha puesto en ventaja a su equipo con el 0-0 en el electrónico, en un par de casos ha roto igualadas, en seis oportunidades sus tantos han hecho crecer la diferencia con el rival y en dos oportunidades empató el partido. En este periodo floreciente del suramericano. El conjunto aragonés sólo ha perdido dos partidos cuando ha Diego le ha iluminado la inspiración --el año pasado en casa con el Getafe y este curso, en el partido inaugural en el estadio de Riazor-- y ha ganado nueve.

SU PESO EN PUNTOS Diego Milito es consciente de que el delantero vive del gol, pero reconoce que si sus tantos sirven para que el equipo consiga puntos la felicidad por perforar las porterías contrarias es todavía mayor. "Mi objetivo es hacer una buena temporada y ayudar al Zaragoza a estar muy arriba. Por eso lo que más feliz me hace es que mis goles sirvan para sumar puntos. A cualquier delantero le gusta marcar, porque eso es muy importante, pero, si a eso le agregamos que sus tantos permiten ganar los partidos, me voy doblemente feliz a mi casa", asegura el delantero argentino.

En las siete primeras jornadas del campeonato ha conseguido 7 tantos, a pesar de haberse perdido un partido por lesión y de haber participado en otro sólo 13 minutos. Diego nunca había tenido un inicio de Liga tan fulgurante. "Quizás, en cuanto a números, se puede decir que estoy atravesando el mejor momento de mi carrera deportiva. Me estoy encontrando muy bien en este arranque del campeonato y también me está acompañando la suerte, pero hay que seguir en esta línea. Nunca te puedes conformar con lo que has hecho", explica el ariete zaragocista, quien añade: "Hay que tener los pies sobre la tierra y saber que es muy difícil mantener una racha como la actual, pero yo voy a trabajar para marcar el mayor número de goles posible".

Ser Pichichi de la Liga española no era inicialmente uno de sus objetivos para esta campaña, pero ahora se muestra ilusionado con esa posibilidad. "Es algo que no había pensado, aunque uno, cuando empieza una temporada, siempre sueña con cosas importantes y me gustaría luchar por algo así", afirma Diego Milito con la seguridad que dan sus buenas actuaciones en el comienzo de este curso. Si lo logra, Diego sería el segundo jugador zaragocista que lo consigue en toda la historia del Real Zaragoza. El primero fue el peruano Juan Seminario, que marcó 25 goles en 30 partidos en la temporada 61-62.