Moisés García León tiene muchos ex, pero ninguno tan querido como el primero. En los últimos quince años ha militado en diez equipos, ahora defiende la camiseta del Hércules y mañana se enfrenta a uno de sus anteriores clubs, pero no a uno cualquiera. "El primer amor es el que te marca y yo estuve en el Zaragoza seis años y allí debuté en Primera", asegura el delantero del Hércules, que entró en el club aragonés con quince años y se fue con 22.

Las lesiones y la poca confianza que tenía en él Pepe Bordalás le han impedido comenzar la temporada como él hubiera querido. "El primer día de entrenamientos me rompí el sóleo y luego sufrí un esguince de tobillo". No estaba entrando mucho en el equipo y el Hércules, construido para grandes metas, no terminaba de arrancar. Se jugaba el equipo el pase a los dieciseisavos en la Copa ante la Unión Deportiva Las Palmas y no había forma de mover el 0-0 inicial. La grada del Rico Pérez sabía cuál era la solución. Aclamó al delantero como si fuera el nuevo mesías, salió en el minuto 64 y Moisés, a sus 35 años, fue el revulsivo del equipo, que ganó 2-0.

Desde entonces tiene más minutos y ya han llegado los primeros goles. Mañana regresa la Copa ante su querido Zaragoza, al que ya le ha marcado tantos decisivos con la camiseta del Celta, del Sevilla y del Córdoba. "Siempre se me ha dado bien jugar contra el Zaragoza, pero lo importante es ayudar al equipo a clasificarse", dice Moisés.

Es un auténtico trotamundos del fútbol, con especial predilección por equipos del Mediterráneo y del sur, y, a sus 35 años, tiene cuerda para rato. "Termino contrato esta temporada, pero la verdad es que me gustaría seguir", asegura el delantero, que ha firmado grandes números en las últimas campañas. "Voy a aprovechar mientras pueda porque, ahora mismo, no sabría qué hacer si no jugara al fútbol", prosigue Moisés que, una vez retirado, regresará a Zaragoza, donde le gustaría ejercer de entrenador. "Cuando estuve en la Ciudad Deportiva ayudé a Carlos Rojo con el cadete y me gustó la experiencia".

Moisés solo tiene una espina clavada: no haber estado el 10 de mayo de 1995 en París. "Me dio mucha rabia no estar en la Recopa. El club me ofreció renovar por cuatro años, pero allí no tenía minutos y me llegó una oferta del Osasuna, que, prácticamente, me garantizaba jugar cada domingo", cuenta el delantero. Moisés es el único de aquella quinta que continúa en activo. Fue titular en la final de Copa de 1993, aunque no pudo disputar la del 94. "Jugué muchos partidos, pero la final no. Estaba calentando y creo que iba a salir, pero expulsaron a Aragón y Víctor apostó por Darío Franco", rememora el ariete. "Fue la mejor época. El 6-3 al Barcelona, jugar en Europa, muchas cosas", continúa. Mañana no se encontrará con ningún excompañero. "Bueno, Pardeza sigue en el club...". Y se enfrentará al técnico que le hizo debutar en Primera División.