Al rey (Ronaldinho) se le extravió la sonrisa en Alemania durante el verano. Y todavía hoy, cuatro meses después, no la ha encontrado. Al gordo (Ronaldo) se le puso en una báscula durante el Mundial y aún se le sigue exigiendo que adelgace porque ya no se le cuentan los goles que marca sino los kilos que pierde. Al emperador (Adriano), el Inter lo ha enviado de vacaciones indefinidas a Brasil porque lo que todo Milan cuchicheaba desde hace tiempo es hoy un tema público. La vida desordenada del goleador ya está colgada en Internet.

Las tres estrellas brasileñas tienen en común la depresión post Mundial, un síndrome del que no han podido librarse otros ilustres jugadores. Shevchenko, o la copia mala de Shevchenko, tampoco levanta cabeza en el Chelsea. Aunque alguno, como Kaká, la cuarta pieza de un cuadrado mágico que terminó siendo un desastre, sí que está a la altura de su nombre en el Milan. Los demás, no.

Los demás andan en plena fase de reconstrucción. "Ronaldinho necesita tiempo para alcanzar su mejor forma", admite Rijkaard cuando le preguntan por su estrella. "Está bien, pero necesita mejorar", alega Capello al ser cuestionado por Ronaldo. "El Mundial ha fatigado mucho a Adriano, sobre todo en lo psicológico", cuenta Mancini, el técnico del Inter.

En el diván

O sea, cada uno a su manera está lejos de ser quien debía ser, sentados los tres en el diván, intentando reencontrarse consigo mismos. No solo en el plano físico. A Ronaldo (30 años) le pilla en el inicio de su declive, a Adriano (24 años), por quien el Madrid estaba dispuesto a pagar 40 millones de euros este verano, en el inicio de una ascensión frustrada. A Ronaldinho (26) le coge instalado en la cumbre. Si reacciona, seguirá arriba. Si no, iniciará el descenso. Ninguno olvidará Alemania, el país donde murió el jogo bonito y que ha provocado el jogo cansado.