Por una semana, y sin que sirva de precedente, se ha visto a Ronaldinho más en el campo de entrenamiento que en el Camp Nou. "Volverá a ser Ronaldinho, pero en el fútbol moderno se necesita fuerza, velocidad y explosividad", recordó Dunga, el nuevo seleccionador brasileño, el mismo que lo sentó en el banquillo para protegerle de la presión a que estaba siendo sometido. Eso es lo que busca Rijkaard también. Que Ronaldinho tenga la chispa perdida, que llene el depósito de su cuerpo de la gasolina necesaria para llegar a final de año fresco y con la cabeza limpia. No es que el plan, iniciado el miércoles, sea una tortura física. Ni mucho menos. Es algo tan sencillo, y tan simple, como que Ronaldinho entrene una semana seguida. Todo un acontecimiento. Tal vez así reconquiste la sonrisa perdida. Si ríe, juega bien.