No es un virtuoso ni tiene un talento natural deslumbrante. Es un obrero del baloncesto, un jugador de pico y pala, que se gana el pan con el sudor de su frente. De su partido, de su profesionalidad y de su capacidad para optimizar sus virtudes se valió ayer el CAI Zaragoza para sumar la cuarta victoria consecutiva ante el Gijón y lavar la imagen triste que había dejado en sus dos anteriores comparecencias en casa. Evans hizo 27 puntos (con una serie de 8 de 11 de dos, 2 de 2 de tres y 5 de 6 de tiros libres), cogió 6 rebotes (tres ofensivos), recibió 4 faltas, dio una asistencia, logró un robo de balón y sumó una valoración de 34, para ser el MVP de la jornada y liderar a un equipo que encontró un filón de oro en la figura del tres alto, en desuso en esta Liga de pequeños, y en el Evans-sistema.

Es decir, aprovechar la superioridad física del americano nacionalizado portugués en el poste bajo sin miramientos, una vez detrás de otra y tantas como haga falta. Con esa receta, y con la aparición estelar de Lescano, el CAI fue capaz de dejar en el terreno de la anécdota una primera parte horrible en la que escuchó algunos pitos (el Gijón mandaba 28-36 en el minuto 19), jugando una segunda esperanzadora y que acabó con una bonita ovación del público.

El triple con el que Victoriano cerró sobre la bocina los primeros veinte minutos (34-39) fue un aperitivo del atracón que se dio el CAI a la vuelta de los vestuarios. No pareció ni el mismo equipo. Los jugadores de Mateo regresaron al partido a cien por hora y eso fue determinante para el resultado final.

En tres minutos convirtieron la desventaja en ventaja (46-41, con un parcial de 12-2), el miedo en confianza, los errores en aciertos, el mal juego en buen juego y los pitos en aplausos. Ya lo había apuntado en la primera mitad, pero lo reafirmó en la segunda. Evans hizo nueve puntos en el tercer cuarto exprimiendo su juego de espaldas a canasta y atreviéndose hasta con el triple. El americano encontró el aliado perfecto.

MVP DE LA JORNADA Lescano hizo acto de aparición. Terminó con 14 puntos, aunque lo más importante no fueron sus números, que lo fueron, sino la determinación para asumir la responsabilidad y el liderazgo del equipo en fases trascendentales. El CAI dominó el rebote (39 a 24) y firmó un extraterrestre 57,1% de tres. Gracias a ello, al duende de Lescano y al Evans-sistema se sobrepuso al número excesivo de pérdidas (17) y a la resistencia del Gijón (66-67, a 6.34 para el final) con una reacción incontestable: 10-0 en tres minutos.

Con aplomo y los cinco jugadores más solventes (Victoriano, Angulo, Lescano, Evans y Onyekwe), el CAI se aupó al séptimo puesto resistiendo al Gijón, que llegó como segundo clasificado pero que no será un candidato al ascenso. Y Mateo, en un gesto honrado, cambió a Evans a segundos para el final para que la afición le premiara con lo que se había ganado: con una ovación de gala.