La madrugada del martes Juan Carlos Apilluelo vio a Dios. "Me ha tocado la lotería", explica. Vivió una experiencia que nunca olvidará. Acostumbrado a la dureza de los deportes de resistencia, Api vio de cerca la cara de la muerte mientras su todoterreno daba vueltas de campana a las cuatro de la mañana en el embalse de Búbal. "Tuve un instinto de supervivencia que a veces no esperas. Los esfuerzos y situaciones extremas en entrenamientos me han servido para salir bien parado", dice.

Sucedió en la antigua carretera a Sallent de Gállego, en el acceso a los desagües de fondo de la presa de Búbal. La carretera se la llevó el río debido a las lluvias torrenciales. "Iba a acceder a las compuertas de fondo de la presa. Me fui hasta el río con el todoterreno. Pude salir con tiempo del coche antes de que se lo llevara el río. Subí por el monte hacia un sitio más seguro". El coche quedó deshecho y apareció el día siguiente en el lecho del Gállego, a 300 metros del accidente. Sólo sufrió un fuerte golpe en el pecho y le pusieron siete puntos en la barbilla.

Pasada la cuarentena, Api parece que tiene el secreto de la eterna juventud. Ya lleva muchos años en la vanguardia nacional del triatlón y de las carreras de montaña. "Sigo teniendo mucha ilusión, he tenido muchas suerte y he mantenido una gran regularidad. Y me han respetado las lesiones", explica el deportista residente en Biescas.

Ahora ya no se entrena como cuando fue uno de los mejores de Europa en el triatlón de invierno. "En 2003 dejé la alta competición. Siempre he sido aficionado y he compaginado el deporte con el trabajo y la familia, que ha sido lo primero". Para poder hacer lo que más le gusta en la vida, ha contado con la ayuda de su trabajo en la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).

Ha llegado el momento de hacer lo que le pide el cuerpo. "Cuando era más joven, me obsesionaba con el peso, los alimentos y el alcohol. Me siento muy mal después de una borrachera y lo evito, pero unas cervezas y un buen vino para cenar no lo descarto", dice.

Esta casado con Toña, una chica de Biescas. Tienen un niño de siete años, Jaime. "Y espero otro en enero. El año que viene tendré el invierno entretenido". A Jaime le gusta ver a su padre competir. "Pero ha salido muy tranquilo y no se le ven maneras de deportista, ni me preocupa. Le gusta mucho dibujar".

En el 2003 se hizo cargo de la selección de triatlón de invierno. No ha dejado la competición y disputa pruebas de asfalto y carreras de montaña. "En el maratón debuté en el 2004 en Ciudad Real. Gané con 2.28.08 y lo mejoré un año más tarde con 2.27.06". En España el nivel del fondo es altísimo y Api apenas ha podido brillar. "Hay muchos atletas no profesionales que han logrado marcas excepcionales. El récord de Aragón de maratón de José Pallarés con 2.17.49 es inalcanzable".

El deporte en Biescas no está demasiado desarrollado. Los dos deportistas más conocidos son Fernando Escartín y Juan Carlos Apilluelo. El deporte más practicado en la localidad de 1.100 habitantes es el fútbol. "La única salida deportiva de los jóvenes es el equipo de fútbol de la Unión Deportiva Biescas. En esquí, las estaciones no dan facilidades para que puedan entrenarse los chavales". En atletismo, el punto de referencia de la zona son los Grupos de Montaña Sabiñánigo. Apilluelo confiesa que el Ayuntamiento apoya el deporte, pero "no hay gente que organice competiciones. Estamos los cuatro de siempre y los presupuestos que se manejan aquí son muy exiguos. Sabiñánigo, sin embargo, es una referencia con la Quebrantahuesos".