Nunca pudo jugar a fútbol con un mínimo de habilidad ni destreza con los pies. Superados los 40 años de edad, José Mourinho aspira a jugar con la boca para convertirse en protagonista cada vez que el Chelsea se dispone a afrontar un gran encuentro. Sobre todo, si enfrente está el Bar§a.

Desde que el club azulgrana se cruzó en su camino, tras haber sido traductor de Bobby Robson, Mourinho ha salpimentado cada uno de los duelos. Alumbró el primero, en el 2005, recordando que había ganado tantas Copas de Europa como el Bar§a y que el palmarés de Rijkaard estaba vacío pese a que como jugador ganó tres. Desde entonces, el Bar§a ya tiene una más y Rijkaard le ha empatado como técnico.

"Nunca perdemos dos partidos seguidos", dijo al reaparecer en el Camp Nou. Había caído en Newcastle y cayó en Barcelona 2-1. Se marchó sin decir ni mú, pero sus colaboradores acusaron a Rijkaard de buscar un trato de favor con el árbitro Anders Frisk. La UEFA le sancionó y siguió vejando al colegiado, hasta el punto de que éste se retiró por amenazas. Calló 15 días más tarde, cuando otro árbitro, Pierluigi Collina, aprobó el gol decisivo de Terry pese a que Carvalho hizo falta.

Un año después acusó a Leo Messi de "hacer teatro del bueno" al provocar la expulsión de Asier del Horno en Stamford Bridge. Reapareció en Barcelona sufriendo el caldeado ambiente que había preparado. Le escupieron y le insultaron en el aeropuerto. "Tuve que llevar el traje a la lavandería", recordó ayer, tras insinuar que al Bar§a también le favorecen los árbitros en la Liga española y en acusar a Gudjohnsen, su expupilo, de ser tan teatrero como Messi.

Parece que el Chelsea empiece y acabe en Mourinho. Al despedirse ayer, la mitad de la prensa inglesa se fue. Ya no interesaba lo que pudiera decir Kalou. El Chelsea solo le permitió contestar a tres preguntas. No iba a decir nada interesante, comparado con Mourinho.