El gen italiano contra el renacido gen español. España se está acostumbrando a ganar. Aprende a competir, la obsesión de Luis Aragonés, a marchas forzadas. Dos partidos consecutivos, ganando en el último segundo. El equipo A lo hizo contra Suecia, el equipo B contra Grecia. Las ilusiones se disparan, pero ahora llega Italia.

Su nombre hace revivir fantasmas, recuerdos de momentos dolorosos del fútbol español: Salinas, Roberto Baggio y Tassotti en el último partido. Ha pasado cerca de un siglo desde la última vez que les ganamos en partido oficial. Y no encontramos las razones. Son latinos como nosotros, tienen sangre caliente, jugadores de talento, pero su adn es diferente. Donde no les alcanza el fútbol, les sobra la fe. Donde otros caen de un solo disparo, ellos tienen siete vidas. Tienen un estilo, más feo que Picio y que Cassano juntos, pero el más efectivo del planeta. Cuatro Mundiales les avalan. Casi nada.

Miramos anoche a Grecia, queriendo ver a Italia. Observábamos a nuestros suplentes, ansiando que llegue el domingo. Mirábamos a nuestro banquillo, donde están depositadas todas nuestras esperanzas para acabar con una racha que ya dura demasiado. Nada menos que 88 años desde los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920. Las tres esperanzas más grandes se llaman Iker Casillas, David Villa y Fernando Torres. Pero no se nos va de la cabeza la altura de Luca Toni, la sonrisa burlona de Buffon y la gasolina que nunca se le agota a Panucci. A falta de Gattusso y de Pirlo, Italia se encomienda a De Rossi, seguramente el jugador más sigiloso del fútbol actual. Del mediocentro romano se dice que es el jugador que mejor llega sin hacer ruido. Llega para barrer a su area y llega para rematar a la contraria. Es la debilidad confesada de Mijatovic, sin ir más lejos.

Para más inri, se nos junta la fecha del 22 de junio, la misma en la que caímos en el Mundial de México, en el de Corea con Al Ghandour y entre medias, la Eurocopa de Inglaterra en el 96.

Una maldición en toda la regla, frente a la selección más antipática, tan amantes de la estética para todo menos para el fútbol. Ellos están tranquilos, nosotros preocupados. Para eso, son los campeones del mundo. Llegan los cuartos ante Italia y a todos nos suena que llega nuestro final. A ver si la flor de Luis es capaz de matar al puñetero gen italiano.