El final del 2008, del glorioso 2008, el año en el que el CAI recuperó la ACB para Zaragoza, ha coincidido en el tiempo con la primera final de la temporada. El deporte no tiene memoria: es presente y futuro, casi nunca pasado. Las multitudinarias celebraciones por el ascenso en mayo parecen hoy un recuerdo lejano, cuando en realidad ocurrieron hace sólo siete meses. El día a día lo devora todo a una velocidad extrema, o al menos lo arrincona. Y la actualidad más viva del CAI es que afronta en Murcia la primera final en la ACB. La racha de cinco derrotas consecutivas, en la que el equipo ha demostrado una personalidad bipolar, capaz de pelearle un partido al Tau o de dar una imagen lastimosa en Bilbao o San Sebastián, ha colocado el encuentro de esta mañana en un púlpito de máxima trascendencia.

Una victoria caería como agua de mayo en pleno diciembre, alejaría al Murcia a dos partidos de distancia y generaría muchísima tranquilidad en el club. Pero una derrota podría traer consecuencias de impacto: acercaría aún más al CAI al precipicio de la clasificación y haría peligrar la estructura deportiva del equipo. El puesto de Curro Segura, el entrenador que convirtió el ascenso en un hecho cuando para otros no fue más que un sueño que jamás hicieron realidad, se tambalearía de forma seria, especialmente si la derrota fuese fea y dolorosa. El futuro de algún que otro jugador, como Starosta, aún está más crudo. Sólo una mejoría exponencial y rápida de su rendimiento puede evitar su salida.

Para la supervivencia en la Liga y con el fin de evitar que cada jornada se convierta en una cita con la agonía, el CAI tiene la obligación inexcusable de ganar al Murcia, cuya situación es todavía peor. Acumula cuatro derrotas seguidas, sólo ha sumado tres triunfos (todos en casa: Menorca, Bruesa y Cajasol) y, seguramente, tiene la plantilla más floja de la competición, circunstancia provocada por la ausencia de un patrocinador tras la marcha de Polaris.

El Murcia no es el último, pero es el peor en muchas cosas. Es el más flojo en ataque (71,92 puntos de media), el más desatinado en tiros de dos (46,64%), donde le antecede el CAI (46,85%), el peor en rebotes (30,46) y la segunda defensa más endeble (83,62 puntos). El CAI es muy fuerte en el rebote y el Murcia, muy débil. Es una de las claves de hoy. Con esta tarjeta de presentación, el equipo de Manolo Hussein, el hombre que lo ascendió y que lo ha mantenido, tenía que estar obligatoriamente en descenso. Es penúltimo.

En una plantilla sin españoles de calidad (Diego Fajardo, un cuatro, y Pedro Robles, un gran tirador, son los más destacados), el Murcia se sostiene gracias a dos pequeños. Chris Thomas, el base que lleva tatuada una leyenda que dice Stop me... If you can (Párame... Si puedes), es el alma del equipo. Promedia 11,8 puntos, 4 rebotes, 5,4 asistencias y 16,8 de valoración. Junto a él sobresalen Taquan Dean, un escolta americano que acredita 16,2 puntos, Chris Moss (10,9), al que Segura entrenó en Menorca, Barnes (8,2) y un irreconocible Slanina, el último fichaje.