Paco Herrera se pasó medio verano rezando y el otro medio poniendo velas a la Virgen para que Álvaro y Montañés, a priori dos de sus jugadores diferenciales, que luego ya lo veremos, no cayeran rendidos a las melodías de seducción de equipos de mayor categoría. El defensa estuvo escuchando canciones hasta el último día, pero al final se quedó sin novia con la que bailar en otro sitio que no fuera Zaragoza. El centrocampista siempre tuvo la voluntad más definida: aquí estaba y aquí iba a seguir. El inicio de Liga, malo en juego y regular en resultados, los ha eliminado de la primera línea, que han ocupado Víctor y Leo Franco, ahora mismo los dos únicos hombres, junto a la simple corrección de Rico, que están a un nivel destacable.

Montañés no es un jugador con ángel, pero sí un buen futbolista. Ha empezado la temporada demasiado mustio. En Primera tuvo tardes lúcidas, hizo cinco goles y algún atrevido incluso creyó que estaba para la selección. Obviamente no era para tanto. En este inicio tortuoso, el Zaragoza ha empezado jugando de modo desconcertante. Es responsabilidad de todos, uno por uno, pero Montañés ha de tomar conciencia de que no es un secundario sino un protagonista principal. Es de los pocos, quizá con Barkero --con el original, no con éste--, que pueden elevar el nivel colectivo si suben el individual. Ha de ser consciente de que no puede seguir en ese tono insustancial e intrascendente.