Oscar Pistorius ya está en casa. No es la casa en la que se cometió un crimen atroz en el que su novia, la modelo Reeva Steenkamp, resultó muerta de cuatro balazos a través de la puerta del cuarto de baño la noche de San Valentín del 2013. El atleta paralímpico más famoso de la historia adujo que, presa del pánico y al haberla confundido con un intruso que imaginó que se había colado por la ventana del baño, realizó los disparos.

La jueza Thokozila Masipa compró la argumentación del deportista y le condenó a cinco años de cárcel por homicidio. El fiscal del caso, Gerrie Nel, pide 15 años, la pena habitual para casos de asesinatos, que es lo que cree que fue, y elevará un recurso el próximo 3 de noviembre ante el Tribunal Supremo de la Magistratura para devolver a Pistorius al lugar que él cree que le corresponde: la cárcel.

Pero, de momento, Pistorius ya está en casa. Se trata de una lujosa mansión en el barrio de Waterkloof, en la ciudad de Pretoria, propiedad del tío del atleta, Arnold Pistorius. Ahí deberá pasar el resto de su condena (de momento cuatro años) bajo arresto domiciliario, en las condiciones que se le impongan, que quedarán claras en los próximos días. De momento se sabe que, en su nuevo régimen de "supervisión correccional", Pistorius podrá salir de casa solo para ir a trabajar, realizar labores sociales y atender reuniones familiares importantes.