España se complicó la vida cuando tenía todo en la mano. Estaba ganando el partido con cierta comodidad, pero se relajó y permitió que Croacia, o mejor dicho Perisic, le diera la vuelta al marcador. Y lo que parecía un partido plácido terminó siendo una tortura para España, que acaba segunda de grupo y se medirá en octavos de final a Italia. O sea, el peor escenario posible para el campeón de Europa. Oscurecido Iniesta, descubrió España la penumbra, sumergida en el lado más oscuro, incapaz de comunicarse con la pelota.

De repente, la Roja perdió el control de todo. Del balón, del partido y, sobre todo, de la situación. Además, por perder perdió hasta la posibilidad de sentenciar el encuentro cuando tuvo un penalti, que no era, a su favor. No se sabe por qué extraña razón lo acabó tirando Sergio Ramos y lo falló. El penalti a Silva no existió. Como tampoco existió para el colegiado holandés que Subasic, el meta croata, se adelantara de manera ilegal permitiendo una intervención decisiva. Otra prueba más de la irreal selección que se despidió de Burdeos haciéndose multitud de preguntas. Para empezar, el desgobierno del partido. Cedió el empate a un minuto del descanso y perdió la cabeza cuando solo quedaban tres para acabar.

A los siete minutos de partido, España creía tener el partido controlado. En una jugada exquisita, en la que el balón viajó en primera clase del avión desde el área de la selección de Del Bosque hasta el corazón croata, emergió el talento de Silva para dibujar un pase maravilloso. Un pase que veían todos al percatarse del desmarque de Cesc. Pero pocos son capaces de hacerlo. Invadió con astucia el espacio el futbolista del Arsenal y Morata, fiel a su oficio de nueve, engatilló con solvencia. Siete minutos y España ya ganaba. No era aquella deslumbrante España de los dos primeras jornadas. Ni mucho menos ante una Croacia que revolucionó su once.

Del Bosque, en cambio, mantuvo su apuesta de siempre. Jugaron los mismos de la República Checa y de Turquía. Pero no parecían los mismos. Se detectaron muchos desajustes defensivos, algunos intolerables como el de Sergio Ramos obligando a De Gea a realizar una buena intervención para repeler el furioso disparo de Kalinic. Pero el minuto tonto español no terminó ahí porque el portero del Manchester United se enredó con las pelotas en los pies. Se enredó de tal manera que se la regaló a Rakitic, quien con un sutil toque

envió el balón hacia la red si no se hubiera cruzado en su camino el larguero. Un minuto, dos errores, dos avisos y España desorientada. Lo pagó caro. Croacia, a pesar de que no tenía a Modric, entendió pronto que le tocaba presionar al equipo de gala de Del Bosque para generarle desasosiego. Y lo consiguió.

Perisic lo hizo de maravilla en el tanto del empate del conjunto croata, obra de Kalinic, con la ayuda de un apático Sergio Ramos. Se despistó el central del Madrid. Se despistó también la selección, incapaz de sentenciar cuando tenía el partido en su mano derritiéndose en una segunda mitad lamentable. No existía la luz de Iniesta, Silva, el mejor en los primeros 45 minutos, se apagó y Del Bosque, al comprobar que España se le estaba desmoronando, metió el bisturí para sanar al enfermo.

No hubo remedio. Entró Bruno, salió Aduriz, jugó Thiago, pero España murió desangrada en un contragolpe de Croacia que la dejó desnuda en la calurosa noche de Burdeos sin el oficio que se le suponía. Perisic tuvo más piernas que Juanfran, el lateral que no estaba en su sitio cuando tocaba guardar la ropa en el armario, Piqué , que venía achicando agua desesperadamente, no pudo interceptar el disparo croata y De Gea, de manera inesperada, abandonó su tesoro más preciado. Dejó solo a su poste derecho, lo que nunca debe hacer, y la pelota, juguetona ella, se coló por allí mismo.

De pronto, España se quedó con las manos vacías, lamentando el penalti fallado por Ramos --¿quién le mandó tirarlo?--, dolida porque fue tan vulnerable que ella sola se ha enredado en la peor ruta. Va por el lado más complicado de la Eurocopa. Le espera el lunes en París la rocosa y difícil Italia de Conte. Si gana a la squadra azurra, le aguardaría nada menos que Alemania.