Alcañiz ha vuelto a oler a gasolina, a erizar la piel y agudizar los sentidos con motos revolucionadas, a vivir la velocidad y a recibir en masa público después de un año, el 2020, de abstinencia. La ciudad echó mucho de menos la MotoGP y su recuperación es una noticia muy digna de festejar. Ahora bien, aunque la localidad turolense volvió a vivir un gran ambiente, no se acercó al de las ediciones prepandemia, algo que se nota también en las entradas, ya que van casi 14.000 vendidas.

Alcañiz produce este fin de semana, sobre todo para aquellos veteranos ya curtidos en esta experiencia, sentimientos encontrados. Se junta la añoranza de la normalidad perdida, ese suspiro de alivio porque poco a poco se va recuperando la normalidad, con la impresión de que todavía no es lo mismo. La ciudad, salvo el año pasado, siempre ha sido un hervidero, un lugar de peregrinaje, de lleno absoluto en restaurantes, alojamientos y bares y de problemas para reservar incluso una mesa. Y aunque sí que es cierto que ayer en Alcañiz había gente, bullicio, motores revolucionados y ambiente motero, fue a medio gas y estuvo alejado de las grandes ocasiones. Ya llegará, pero este año todavía no.

No había más que pasear por la localidad para ver que no era lo mismo. La Avenida de Aragón siempre ha sido uno de los centros neurálgicos de Alcañiz, plagada de chiringuitos, con barras de bar en la calle, escenarios y música que ahora, por las medidas sanitarias, no se han podido instalar. 

Todo quedó más desértico, con menos jarana, porque además hay un número elevado de aficionados que vienen a la población turolense solo por la fiesta y la atmósfera tan especial y motera que se crea. «No se permiten DJ’s, fiestas ni escenarios y se ha peatonalizado gran parte de la ciudad. El objetivo es ampliar el espacio para el peatón. La filosofía cambia bastante», comenta Ignacio Urquizu, alcalde de Alcañiz.

Al lado, en la Plaza de España, antes apenas podía moverse un alfiler entre personas y motos y los bares apenas daban abasto para servir a las miles de personas agolpadas en pleno centro histórico, pero ayer la estampa era distinta. De todos modos, hosteleros, comerciantes, visitantes ajenos y población local coincidían en que había mucha incertidumbre sobre cómo iba a ir el fin de semana, que hubo más gente de la esperada pero, sobre todo, que está lejos de aquel Alcañiz de años atrás desbordado y estruendoso.

Hoteles al 100%

Aun así, todos celebran la vuelta de esta cierta normalidad. Los bares y restaurantes en puntos estratégicos vivieron un día prácticamente al 100% de su capacidad. El problema es que era reducida. Y la oferta de alojamientos tampoco se ha resentido: «Nuestro territorio tiene una capacidad hotelera definida. Como no podemos acoger el volumen de gente que venía otros años, no tenemos queja porque nuestros establecimientos se han llenado», explica Nieves Ballestero, gerente de la Asociación de Empresarios Turísticos del Bajo Aragón. La única diferencia con otros años es que la incertidumbre ha hecho mella ya que «ha habido muchas subidas y bajadas durante el verano, muchas reservas y cancelaciones». 

Pero con restricciones o sin ellas, es indiscutible que la vuelta del público ha supuesto un alivio para el tejido económico de Alcañiz. «Aunque se han cumplido las expectativas que teníamos en verano, MotoGP es un punto álgido para el trabajo de nuestros empresarios turísticos», subraya Ballestero, mientras que Ignacio Urquizu asegura que «las carreras siempre son un balón de oxígeno ya desde los tiempos del circuito urbano». 

Alcañiz vive el ambiente de Motorland arrastrando aún la pandemia Jaime Galindo