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El Periódico de Aragón

La montaña en Aragón

El misterioso caso del número 3 y Juanito Porrón

El madrileño Raúl Concheso, afincado en el Alto Aragón, roza las mil ascensiones a la Cruz de Peña Oroel de las 3.333 que se ha empeñado en completar

Las cabras que habitan el macizo se han convertido en sus inseparables testigas de aventuras. RAÚL CONCHESO

Iverson, los cerditos, Serols, los Reyes Magos, Nirvana, las mellizas y Juanito Porrón. ¿Encuentran el hilo de unión de esta tropa? Esta página aún no se ha convertido en un Scape Room, pese a este enigma. La respuesta es clara. Todos y cada uno de ellos tienen relación con un número. Con el tres. Pero… ¿Quién es Juanito Porrón? Esta es su historia. Desenhebramos su misterio.

Empieza la autodescripción. «Soy fan de Sex Pistols, tengo más de 200 vinilos suyos, y de The Doors. Por eso, cuando me hice un perfil en redes me puse Juanito Podrido por John Lydon, pero como no me dejó cambié el apellido por Porrón». De poco sirve esta pista. Sigamos.

Porque, aunque atienda a esta llamada, este no es su nombre. Quizá tampoco les suene por el que aparece en su DNI, Raúl Concheso, pero sí por el otro mote con el que le conocen en Jaca: el Guardián del Oroel. No es un bautizo a la ligera. Pero… ¿qué tiene que ver con el tres? Pues todo. Porque el apelativo le viene sobrado. Ahora lo comprenderán. Este madrileño afincado hace seis años en el Viejo Aragón pretende subir 3.333 veces Peña Oroel (1.769 metros). «Empecé subiendo tres, luego 33 y como me parecen pocas, pensé en hacerlo 3.333 veces».

Ni el frío de la borrasca del 2021 evitó que subiera hasta la famosa Cruz del Oroel.

Ni el frío de la borrasca del 2021 evitó que subiera hasta la famosa Cruz del Oroel. RAÚL CONCHESO

Este relato empieza antes, en Madrid. Este publicista de éxito decide dar un volantazo a su vida. A una más sana. Con 33, cómo no, se apuntó a un gimnasio. «Pesaba 90 y tantos kilos, tenía malos hábitos… Un día una chica me invitó a hacer un medio maratón. Ahí empecé a correr», recuerda. Y de los 21 kilómetros pasó a los 42, a los 100 y a cascarse tres medios y un Ironman completo en un año. «Yo es que hago todo a lo bestia».

Radical

Amigo de Luis Muñoz, guardés de Góriz, un verano decidió visitar el Pirineo y, ya que estaba, correr la Subida a Oroel. «Fui mi primera carrera en montaña. Y mi primer Oroel. Salí disparado. Hice una hora y cuarto», añade sin saber que ahí empezaría un idilio eterno. Un amor desmedido. «Soy un poco radical y cuando me pongo, me pongo», dice.

Porque lleva hechas cuatro Camille en 24 horas, varias Canfranc-Canfranc en su colección de ultras y el Camino de Santiago en tiempos increíbles. «Lo hice cuatro veces en dos años. Andando lo terminé en 14 jornadas y en bici tardé seis con un amigo desde Madrid en pleno enero. Había tanta nieve en O Cebreiro que vinieron a grabarnos los de la televisión gallega», narra.

Se ha recorrido medio mundo. Con la Harley que llevaba un gran tres en el carenado y «sobre la que me casé en Sacedón, el pueblo de los Ñu» o pasando largas jornadas en Canadá, Corea, Japón… Y Nepal. «Subí el Kala Patthar y algún otro 5.000 y recorrimos el Valle del Lantang».

Tras tanta evasión, harto de Madrid, se lio la montaña a la cabeza y se estableció en Jaca. Y ahí empezó su reto de trepar hasta la Cruz. Ahora lo hace «por mil sitios. Por Atarés, por Barós, por la senda de los Lobos, por la Virgen de la Cueva...». O desde el Parador, camino con 33 curvas que cierra en, sí, 33 minutos. Le falta trepar por la vía Mayencos, un tercer grado que sube escalando la parte más afilada. «Luis Alberto Hernando me ha picado para hacerla con él. Y la haremos».

Se levanta a las seis de la mañana, desayuna y pone rumbo hacia allí, en ocasiones en bici y otras directamente a pata. Sube una, dos o tres veces en un día, según cómo se vea. Solo, sin música, en su silencio, o junto a su amigo Super Ferny, su sobrina, algún colega de Jaca o Espi, en los ascensos más especiales. «Siempre la llamo desde la cumbre y me hago una foto». Allí suele coincidir con las cabras que viven en el macizo. ¿Saben cuántas hay? Tres, efectivamente.

El protagonista de esta historia, en una de sus ascensiones en invierno. RAÚL CONCHESO

En casa tiene una base de datos donde guarda todas estas imágenes para contabilizar sus ascensos. «En la nevera tengo colgado un pequeño Oroel con la cifra que me queda. Cada vez que vuelvo voy quitando». A día de hoy lleva 980. «No quiero ni pensar cuánto me costará, porque me deprimo», bromea mientras se rasca el brazo donde tiene tatuado el perfil de la Peña que le diseñó su señora.

No paró ni con Filomena aunque «me llegaba la nieve a la cintura y hacía un viento terrible», de hecho, nunca ha tenido que darse media vuelta. «A mí me gusta más cuando está nublado, llueve o nieva. Siempre me sorprende la vista. Es increíble», explica. Desde arriba se ve todo el Pirineo. Bisaurín, Aspe, Moleta, Collarada, Perdido... cimas que también patea a conciencia.

Y de esas casi mil quizá se pregunten cuál de todas ha sido la más especial. Pues se equivocan si creen que fueron las doce que le dio tiempo de hacer, ida y vuelta desde Jaca, en junio cuando se pegó 24 horas sin parar «y pienso repetir este verano». O en las sucesivas Subidas a Oroel en las que, claro, «tengo la presión de estar entre los tres primeros» y siempre con el dorsal 33.

No, la mejor fue la que subió más lento, con su padre, con José, a sus 82 años, esa que lleva en su poderoso corazón, la que le hace ir ligero, mirar hacia arriba y sonreírle a la vida.

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