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El Periódico de Aragón

LA MONTAÑA EN ARAGÓN
ENTREVISTA María Laborda y Alberto Ginés Escaladora aragonesa de la selección y oro olímpico en Tokio

Ginés: "María es una máquina a nivel psicológico, la que mejor compite"

María Laborda y Alberto Ginés forman parte dela élite de la escalada. SERVICIO ESPECIAL

Empezasteis la temporada en Corea siendo María una gran fanática de la comida asiática.

María Laborda. Pero lo que más me gusta es el sushi y no había. Eran todo sopas.

Alberto Ginés. Yo comí, pero al llegar a Barcelona (risas). En Corea fuimos a cenar unos fideos que eran como de gelatina, terribles, casi me muero.

¿Os acordáis cuándo y cómo os conocisteis?

A.G. Yo tengo recuerdos de María de Copas de España, me sonaba, pero realmente hasta que no empecé a hacer velocidad no nos relacionamos más. En 2019, ¿no?

M.L. Sí, entonces. Te tenía visto de hace mucho, pero era más cría y me daba vergüenza acercarme. Cuando tuviste que especializarte en velocidad se rompió el hielo.

Sois escaladores modernos, de rocódromo. Tocáis poca piedra. Eso nos choca a los boomer.

A.G. Quizá mi última vez fue en septiembre, en Rodellar. Hay un concepto bastante equivocado de que todos los escaladores vamos a hacer roca. Y es verdad que yo empecé en el campo como la mayoría, pero al final me fui especializando en competir. Ahora solo voy si es a pasar un día con los amigos, porque planteo todos mis viajes para entrenar o competir. No tengo la motivación de ir a hacer unas vías de roca, no sé, a Sudáfrica. Son mundos diferentes.

¿Os atrevéis a definir al otro?

M.L. ¡Ostras! A mí me gusta que la gente esté cómoda conmigo y es verdad que con Alberto me ha costado, no sabía cómo hacerlo, pero cuando conseguí ese feeling ha sido una ruptura. Eso ocurrió el año pasado, en las primeras concentraciones de 2021.

A.G. Para mí María es pura felicidad. Es lo que transmites a las personas que te rodean. Eso y mucha, mucha calma y tranquilidad.

¿Y cómo escaladores?

A.G. María es una máquina a nivel competitivo, psicológico, cómo afronta tan bien cada una de las pruebas. De hecho, cuando la conocí no era para nada así. Era casi la única velocista en España y no tenía capacidad para ganar el campeonato.

¿No?

M.L. Es que es verdad. Era muy mala. Me costaba muchísimo.

A.G. Malísima. ¿Pero ahora? No sé por qué, cambiaste. De hecho, hoy es lo contrario, creo que en la selección española eres la que mejor compite, o, por lo menos, la que mejor gestiona todas las emociones y la cabeza.

M.L. Es que la parte psicológica en nuestro deporte es la más importante, aparte de lo físico, esa resistencia en la que eres increíble. Alberto, dices que no sabes cuándo di ese cambio. Yo sí lo sé. Porque tú me has ayudado bastante en esas concentraciones de 2021, noté ese apoyo para afrontar los entrenamientos. Me acuerdo de una vez que hablamos de cómo gestionar las emociones. Aproveché esos consejos.

Habéis comenzado una temporada de cambio pese a ser tan jóvenes. María luchando para asentarse en categoría absoluta.

M.L. Sinceramente, a mí eso me da igual. No me importa. Para mí tener la perspectiva de que estar en absoluta o juvenil no varía nada. Se trata de competir y cómo afrontar este reto. A fin y al cabo soy la misma, es velocidad, que no es como los de cuerda o bloque. Yo siempre afronto la misma vía y ya. Únicamente tengo que ser rápida. Me centro en eso y en nada más.

Y Alberto trepa tras un largo parón y con el reflejo del oro.

A.G. Yo no tengo la suerte de María de que me dé tan igual. Ahora el mundo me conoce, está encima. Y eso afecta desde fuera. Por ejemplo, en la primera prueba de la Copa del Mundo de bloque, tras meses sin competir, hice el ochenta y algo. Un absoluto desastre. Y, claro, pasé de los titulares del oro olímpico a los de ‘se acaba el sueño de París’. Me daban por muerto. Eso te afecta, me afectó, pero luego pensé que era lo mejor que me podía pasar. Ya no hay expectativas sobre mí, entonces ahora vamos a darle caña. Ha sido la hostia que necesitaba para centrarme. Corea me ha abierto un poco los ojos para ver que me he demostrado a mí mismo que no soy tan malo en bloque como todo el mundo pensaba, hasta yo mismo. De repente pasé a semifinales siendo sexto…

M.L. No, fuiste quinto.

A.G. Es verdad… Ganando a gente que ha sido campeona del mundo. Al final fui el 16º, pero ese resultado me hizo más ilusión de la que me hubiera hecho el año pasado y veo un poco más cerca llegar a París, eso que los periódicos decían que era imposible.

Una presión excesiva para tener 17 y 19 años. ¿Tenéis la sensación de vivir en un mundo paralelo?

A.G. Yo tengo la suerte de vivir en el CAR. Desde que tengo 15 años convivo con gente que está en mi misma burbuja, que puede entenderme, que sabe perfectamente que no voy a salir porque tengo competición o que debo cuidar mi dieta. Cuando estaba en el instituto en Cáceres mis compañeros no comprendían que pidiera el cambio de fecha de un examen porque tenía que ir a China o que no saliera un viernes porque me iba a entrenar a Francia. Pensaban que me iba de vacaciones, a estar en la playa, y no a competir a un Campeonato del Mundo. La suerte del CAR es que estamos todos igual, entendemos que si te sale un entrenamiento mal estás jodido y también el esfuerzo y sacrificio que conlleva esta vida.

María, aún vives en Ejea, aunque pronto te mudarás con Alberto.

M.L. El año pasado sí me costó más porque yo sí sigo en el instituto de mi pueblo, voy con mis amigos. Además de que mi vida social no es muy grande también he tenido que escuchar, incluso de mis amigos, eso de que recibo más ayudas que ellos. Eso sí me pesaba. Es un factor que he dominado. Pienso que si tengo que entrenar me centro en entrenar y si tengo que estar en el instituto, igual. Realmente estoy viviendo un sueño al viajar y competir. Cuando llegue el momento de ir al CAR lo afrontaré igual, con valentía.

A.G. María, has dicho la misma frase que yo escuché mil veces, que no tenía vida social. ¡Pero si acabas de volver de Corea! Viajas por todo el mundo, conoces a gente muy diferente de países distintos, haces amigos, hablas otros idiomas… ¿Que no tengo vida porque no salgo de fiesta?

Alberto, ¿qué consejo le das a María para afrontar ese cambio a Barcelona que tú hiciste? No es fácil salir de casa, de tu familia…

A.G. Cada uno sabe cómo gestionarlo de la mejor manera. Pero si lo llevas mal vas a estar con nosotros, te lo haremos olvidar y, si no, puedes recurrir al psicólogo, que es algo que no se suele pensar, pero que ayuda bastante. En nada tendrás 18, te sacas el carnet y Barcelona no está tan lejos de Ejea, a tres horas. Si te pones triste, te bajas a ver a tus padres y a tu perro.

«Con su oro se me pusieron los pelos de punta y eso que no tenía en el brazo. Me volví loquísima»

María Laborda

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María, ¿dónde viste la final?

M.L. En mi casa. Se me pusieron todos los pelos de punta. Y eso que no tenía en el brazo. Estaba en otro mundo, me tiré al suelo, llorando, loquísima. No sabía ni dónde estaban mis padres. Me daba todo igual, fue tan increíble.

¿Y tú, Alberto, recuerdas el mensaje de María después del oro?

A.G. De hecho tengo toda la galería del 5 de agosto llena con fotos de María llorando. Hice un recopilatorio de todos los grupos de Whatsapp con los distintos equipos de competición con fotos de amigos emocionadísimos.

¿Cómo se gestiona la fama repentina que viene después?

A.G. Hay cosas que no puedes eludir como hacer entrevistas e ir a actos, cosas que vienen con la medalla sin que te des cuenta. Es la parte mala que nadie te dice. Quizá soy exagerado, pero intento apartarme para que no me perjudique, porque, fuera de estas responsabilidades nuevas, tienes que centrar el foco para no despistarte. Es difícil no volverte gilipollas cuando todo el mundo te está regalando los oídos, diciéndote que eres maravilloso. La suerte es que también hay quien viene a darte dos collejas para que te des cuenta qué es lo importante.

Utilizaste esa atención mediática para denunciar algo que os afecta a los dos, la falta de rocódromos homologados en España.

A.G. Creo que el oro vino en el momento justo en el que la escalada empezaba a crecer bastante. Yo venía quejándome hace mucho tiempo de la falta de instalaciones, pero no tenía ese altavoz que me dio el oro. Creo que es una de las cosas que mejor hice, no sé si gustó a los de arriba, pero me quejé todo lo que pude. Hubo una portada con esta declaración que se hizo muy viral y, por eso, hubo quien entendió que esta medalla era resultado de un milagro. No era así, es verdad que sin apoyo es más difícil y si no lo tenemos será muy complicado repetirlo en París. Pero con esa reivindicación algo se ha conseguido. En Cáceres se va a construir un muro de alto rendimiento para que la gente de mi tierra pueda entrenar en condiciones e incluso en el CAR se proyecta otro. Parece que vamos a mejorar un poco, aunque aún este año nos hemos tenido que ir a Austria a entrenar.

María y sus padres hacen tres horas diarias para que entrene en Pamplona. ¿Ha cambiado algo tu vida esa medalla?

M.L. Esa mejora de las instalaciones es la base, porque si no no saldrán más deportistas. Creo que aún falta bastante camino para recorrer. Yo si no fuera por el esfuerzo de mis padres no hubiera conseguido nada, porque esos traslados no son gratis. Y si no tuviera Pamplona no podría ir a ningún sitio. La medalla de Alberto y el esfuerzo de todos los que están en Barcelona nos ha dado visibilidad a toda la escalada.

«Es un orgullo saber que por mi medalla hay mucha gente que se acerca a los rocódromos»

Alberto Ginés

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Ese efecto sí se nota en el número de practicantes y la apertura de rocódromos o de escuelas.

A.G. Es lo mejor de esta repercusión. De hecho, sé que se está haciendo un estudio de cómo ha afectado la medalla en relación a la gente que ha empezado a escalar. Me comentaron que esa misma semana había colas para entrar en rocódromos de Madrid, mucha gente nueva que quería probar. Es una de las cosas de las que más orgulloso estoy del oro.

M.L. A mí todo el mundo me pregunta por ti, en Ejea se volvieron locos contigo durante los Juegos. ¡Y más cuando vengas a Ejea, que tienes que venir! Ahora, cuando vas a cualquier lado y la gente se entera que eres escaladora, te preguntan si conoces a Ginés, se interesan por el deporte. Me conoce gente que antes no lo hacía. Sobre todo en redes sociales.

En ese mundo virtual sois muy transparentes. ¿No tenéis miedo a exponeros tanto?

A.G. Es algo que se ha hecho muy grande. Entre Twitter e Instagram me siguen unas 400.000 personas. Me considero el ‘antiinfluencer’, muy poco serio, desaparezco un mes… Me encanta decir cosas de mi mundo, lo que pienso. Me gusta utilizarlas para concienciar o dar un mensaje que considero positivo. No lo veo como algo político, ni me relaciono directamente con partidos, aunque me han intentado captar de todos lados. Eso me da pereza. Pero sí me involucro a nivel social en asuntos como derechos humanos, contra el machismo, el racismo o la homofobia, que creo que son temas en los que todo el mundo debe de estar de acuerdo. Nadie puede estar a favor del racismo, así que me gusta utilizar mi altavoz para criticar y denunciar barbaridades que encuentro.

M.L. Yo en política no entro.

A.G. Es lo mejor que puedes hacer para evitar problemas.

M.L. Yo pongo las cosas que me surgen, lo que pienso, soy natural, como soy.

¿Percibes ese machismo en el mundo de la escalada?

M.L. Es algo delicado. Puedo decir que en mi vida deportiva no he sentido ninguna desigualdad directa por ser mujer. Es un tema que está, del que se habla. Personalmente apreciaría que alguien quisiera darme repercusión, aunque no solo por el hecho de ser mujer, sino por lo que hago. Para mí, lo esencial es poder tener referentes en un deporte cuando eres pequeño, sea chico o chica.

¿Qué hará María en París?

A.G. Primero tienes que clasificarte (risas).

M.L. Eso para empezar.

A.G. ¿Cuántos años tendrás?

M.L. 19.

AG. Si te clasificas, va a ser la leche. Solo que vayas, si ya logras un buen puesto será increíble. Yo pensaba que mi primera experiencia olímpica era para conocer cómo se me podía dar y ya ves. Mi consejo es que vayas a disfrutar porque es una de las mejores experiencias que vas a tener en tu vida.

Y Alberto, ¿repetirá en 2024?

M.L. Él también tendrá que clasificarse (risas). Como cualquier otra competición, puede pasar de todo, pero seguro que lo harás genial.

A.G. A mí lo que me encantaría es poder repetirlo, pero para tener a mis amigos cerca, para bajar del podio y abrazarme a ellos. En Tokio solo tenía a mi entrenador y a mi fisio. Hacer algo así, pero teniendo a mis colegas sería…

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