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Una familia de éxito en el fútbol aragonés

Los Mallada, el dúo de oro

Nuria y Miguel son dos hermanos que comparten su pasión por el fútbol. La atacante disputó 600 choques en Primera en el Prainsa y el lateral milita en el Utebo de Segunda RFEF

Nuria y Miguel Mallada posando con un balón ANDREEA VORNICU

Para muchos, el fútbol no es un juego en el que veintidós personas corren detrás de un balón en pantalón corto. De hecho, para algunos, el fútbol es una forma de vida, una profesión, una motivación o un estímulo. En ocasiones, además, la vida te premia con un hermano con el que compartes tu pasión en cuerpo y alma. Este es el caso de Nuria y Miguel Mallada, dos hermanos futbolistas que han llegado a representar a Aragón en lo más alto. Nuria, ya retirada, ha sido la gran capitana del Zaragoza CFF (antes Transportes Alcaine o Prainsa) durante once años, jugando nueve en Primera, sumando 600 partidos y hasta 61 goles y dejando un currículo impoluto y al alcance de pocas delanteras. Miguel, a su vez, está jugando en el Utebo de Segunda RFEF con el que está firmando una temporada de ensueño alcanzando los puestos más nobles.

"Somos de El Temple, un pueblo en el que de por sí somos pocos y quizá lo más fácil era jugar al fútbol, pues no había otros deportes a los que te pudieras apuntar. Estábamos mi hermano, Miguel, que es cuatro años menor que yo y mi vecino, Jorge", recuerda Nuria. Asimismo, Miguel rememora viejos tiempos y siempre va a tener presente que "desde pequeño jugábamos todas las tardes después del colegio y salíamos a jugar a la puerta de casa. Empezamos a jugar a fútbol sala en el Zuera y fuimos pasando por categorías hasta llegar a fútbol once", subraya.

La infancia

A partir de aquí, cada uno tomó un camino, ya que a la edad de infantiles, con 12 años, la categoría deja de ser mixta y los encuentros se jugaban contra rivales de tu mismo sexo. "Por suerte fundamos un club y pude estar jugando un año más cerca de casa, sino habría dejado de jugar a fútbol. Además, allí conocí a Patricia Larqué, que ahora juega en el Alavés. Luego ya tuve que ir a Zaragoza y jugué en el filial, aunque también me subían con el absoluto. Fue un cambio ambicioso por intentar mejorar, pero conllevó mucho esfuerzo, pues tenía 16 años y no tenía carnet. Si mis padres no me hubieran llevado a entrenar yo no habría jugado en Primera División", constata.

"En Zuera cambiamos directamente de fútbol sala a once. Yo siempre jugaba de interior izquierda y cuando llegué a Huesca jugué en Juvenil Preferente de extremo. El segundo año me rompí la clavícula y en ese tiempo subieron al que jugaba de lateral izquierdo con el Tercera División, por lo que faltaba alguien para ese puesto y me pusieron a mi", cuenta Miguel, quien es un virtuoso a la hora lanzar faltas. "Supongo que es una parte innata, pero es algo que ensayo todas las semanas siempre que tengo hueco en los entrenamientos", subraya.

Nuria actualmente se dedica a la fisioterapia y Miguel juega en el Utebo de Segunda RFEF ANDREEA VORNICU

Ante la pregunta de quién es el jugador o jugadora que más les ha marcado, los hermanos Mallada responden al unísono "Sávio Bortolini, mítico extremo y mediapunta del Real Zaragoza. De pequeños estábamos locos con él y cuando pasaba por la banda era un espectáculo", dice Miguel. No obstante, el tiempo pasa y Nuria decidió colgar las botas en la SD Huesca a sus 30 años, aunque la zaragozana siga ligada al fútbol. "Echas de menos el jugar el domingo, pero te da tranquilidad, ya que lo dejé porque no podía compaginar la vida laboral con la deportiva. Tras tanto tiempo relacionada con el fútbol ahora sigo en la radio hablando de ello y veo mucho la Primera y los partidos del Zaragoza CFF y del Huesca", recalca Nuria, que en la actualidad sirve de inspiración para los más jóvenes. "Hay chicas que me siguen conociendo por la calle o los padres del colegio me dicen que sus hijos hacen trabajos sobre mí", dice orgullosa la exjugadora.

"De pequeños salíamos a jugar todas las tardes a la puerta de casa después del colegio"

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Pasado el tiempo, Miguel se dio cuenta de la importancia que tuvo su hermana en el fútbol aragonés. "Ella debutó con 16 años, la veía jugar, pero no entendía la magnitud que tenía. Te pones a pensar que ha jugado 600 partidos en Primera y es una barbaridad. La he visto muy de cerca y estoy muy orgulloso de ella", puntualiza el lateral, que reconoce que "nos ayudamos sobre todo en temas de actitud y estando siempre al lado del otro".

Y es que Nuria sigue viendo a Miguel "como al pequeño de la casa, pero es que el pequeño está jugando en Segunda RFEF. Como hermana es un orgullo, pues es un jugador ‘nuevo’ y a pesar de ello, está respondiendo muy bien. Este año ha vuelto a demostrar que lo suyo no es suerte, sino trabajo".

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