Sigue el Cholo Simeone apretando para que le fichen un mediocentro mientras que Pablo Barrios, como el niño sabihondo de un colegio, levanta la mano desesperado y gritando "¡yo, yo, yo!". Una vez es casualidad y dos se acerca a la tendencia. Y van dos partidos seguidos en los que Pablo Barrios exhibe madurez y jerarquía en la medular del Atlético de Madrid. Si en el estreno liguero empujó hacia la victoria rojiblanca ante el Granada, este domingo frenó el vendaval del Betis para rescatar un punto de Villamarín.

Puede parecer una escasa cosecha, pero con lo quemada que estaba la tierra colchonera cuando él entro, tras el descanso, el punto es una pepita de oro para los de Simeone. La manija del canterano hizo virar al Atlético de calamidad hasta, a ratos, dominador. No habría resultado extraño que los de Simeone se escaparan con el triunfo, vista su segunda mitad, pero es que tras ver la primera sonaba a casi milagro.

Sin paradas de Oblak

Esa primera parte, en fin, fue un drama. ¿Para quién? Para ambos. Para el Atlético lo fue porque su fútbol fue nulo, sin capacidad para mover el balón con fluidez ni para disparar en una sola ocasión. Ni fuera ni a portería. No tiraron los de Simeone. Y para el Betis fue un drama porque no supo sacar rendimiento a su evidente superioridad: 10 remates y ninguno de ellos requirió la invertención de Oblak.

La entrada de Pablo Barrios tras el descanso, que había estado entre algodones durante toda la semana, mejoró al Atlético. Como ya ocurrió en la primera jornada, cuando tuvo que sustituir al aún lesionado Koke, el canterano aportó sentido a los ataques de su equipo, sin que se resintiera en el aspecto defensivo, pese a que el sustituido fue un todoterreno como Llorente.

El Betis pierde el control

Sin que el Atlético lograra imponer su ley, el Betis sí perdió el control total del balón del que había dispuesto hasta entonces. Un logro con el que los de Simeone parecían darse por satisfechos, dado de dónde venían y dónde estaban, más teniendo en cuenta la sensación de que mejoraban los rojiblancos con el avance de los minutos.

Fue creciendo el Atlético mientras el Betis se iba achicando, incapaz de probar los reflejos de Oblak durante los 90 minutos (bueno, por decir algo, ya se sabe que ahora ningún partido se acerca a los 90 minutos de duración) del encuentro. Isco, brillante en su estreno en La Cerámica ante el Villarreal, pasó bastante más despercibido (sin cuajar un mal partido) en su primer partido como verdiblanco en el Villamarín.

Morata, esta vez suplente, la tuvo en el último minuto del descuento, pero Rui Silva salió al corte con eficiencia y además el madrileño había arrancado en fuera de juego. El Atlético hasta se quedó con la sensación de que el punto era escaso. Y eso fue culpa de Barrios. ¿De verdad necesita Simeone otro mediocentro?