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La montaña en Aragón

La magia del Alto Gállego

Comenzamos hoy una serie de recomendaciones para conocer Aragón a pie, comarca a comarca, descubriendo senderos de todos los niveles, para iniciados y niños, para hacer en familia, pero también otros más montañeros. Arrancamos en el Alto Gállego, tierra de ibones, valles, ‘tresmiles’, puro Pirineo y mucho más.

Los ibones de Arriel nos adentran en un paraíso de roca y agua.

Los ibones de Arriel nos adentran en un paraíso de roca y agua. / SERVICIO ESPECIAL

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Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Huesca

SALLENT DE GÁLLEGO. LOS IBONES DE ARRIEL

Un paseo marítimo bajo la sombra del Balaitus 

Sucursal finlandesa, el Alto Gállego es un archipiélago de balsas, embalses, lagunas e ibones. El sector de Panticosa es primoroso en estanques de aguas glaciares. Bachiñama o los Azules son ampliamente visitados como, más abajo, Piedrafita se está convirtiendo en un parque de recreo a la vera de Telera. Los que aquí presentamos no son desconocidos, ni mucho menos, pero sí más llamativos para montañeros y senderistas con ganas de tocar piedra. Los ‘Arrieles’ son un conjunto de vasos glaciares que se amansan a la sombra del magnético Balaitus. Allí nos dirigiremos (14k +800; 5/7 horas).

Arrancamos en otro lago, ahora represado, como La Sarra. Tras aparcar allí, andamos por pista rumbo a la GR-11 hacia Respumoso, pasando por el área recreativa de Tornalizas. Ganamos altura, entre cascadas y un bello bosque que nos deja en el angosto Paso del Onso. ¡Ojo! Pasaremos el desvío al Pico Arriel, que, aunque bien señalado, no hay que seguir. 

Poco después del Plano Cheto sí llegamos al desvío correcto en el barranco por el que descienden las aguas. Dejamos el GR y nos internamos en una zona exigente de piedras combinadas con bosque. Varias zetas nos hacen ganar altura mientras cambiamos de orilla hasta desembocar en una presa y luego en el Ibón Inferior, bajo la mirada intimidatoria del Palas y el Balaitus. Avanzando por un sendero marcado llegaremos al Ibón Superior, en forma de ocho. Fin.

CALDEARENAS. LA SENDA DE IZARBE

Una antigua cabañera repleta de vivos colores

No todo van a ser altos vuelos. La Senda de Izarbe es una preciosidad a la sombra del gran Pirineo, una excursión que sorprende por curiosa y diferente, acoplada para realizar en familia y con niños. No más de seis kilómetros que transcurren por un barranco colorido, que puede realizarse tranquilamente en dos horas en las que se tendrá la sensación de recorrer un museo al aire libre integrado en la naturaleza y la paz del paisaje.

Porque la gracia de esta ruta se deposita en la luz y paleta de la obra amable de Maribel Rey, la artista local que ha pintado losas, árboles y rocas de vivos colores en los dominios norteños de Guara.

Los colores sorprenden en un recorrido ideal para hacer en familia.

Los colores sorprenden en un recorrido ideal para hacer en familia. / Montañeras Adebán

Antes de salir de Caldearenas recomendamos visitar la antigua harinera ‘La Dolores’, reliquia de la industria que floreció en otros tiempos. Siguiendo por el recorrido marcado pasamos por un antiguo molino y debajo de un puente rumbo a Anzánigo. A poco más de un kilómetro nos encontramos los primeros muros pintados, con dos ‘indios’ que nos dan la bienvenida con una ofrenda. Trazos rojos, amarillos, verdes, azules y blancos se integran con la naturaleza y dibujan figuras de animales, guerreros y dinosaurios asemejando pinturas rupestres en pequeñas cuevas. Caminamos junto a la vía del Canfranero por un bosque adornado de nuevos brochazos y telas que conectan sus ramas. El sendero, envuelto en sorpresas y colores, termina en una borda convertida en centro de interpretación de la vida pastoril y la trashumancia antes de volver por un sendero más corto y sombreado.

PANTICOSA. ASCENSO A LA GRAN FACHA

La vertiente panticuta de un ‘tresmil’ asequible

El catálogo de ‘tresmiles’ del Alto Gállego es generoso. Hay de todo. Será el Garmo Negro el más ‘mainstream’ sin irle a la zaga la pirámide de la Gran Facha. Raspado (3.005 metros), su conquista desde el Respumoso es la ruta más transitada. Aquí abordamos otra, desde el Balneario de Panticosa, más larga (19 kilómetros), exigente (1.500 metros de desnivel) y algo más técnica, por lo que advertimos que esta recomendación es más alpina y para montañeros con cierta experiencia. Son 8-10 horas.

Entrada al Circo de Pecico con la estampa de la Gran Facha al fondo.

Entrada al Circo de Pecico con la estampa de la Gran Facha al fondo. / ÁNGEL CALVO

Desde la Casa de Piedra arrancamos la subida por el GR-11 hacia Bachimaña. Hasta el desvío a los Azules iremos escoltados por la marabunta que se dirije a este sobreexplotado lugar. Obviamos el cruce y seguimos las señales blancas y rojas hasta el Circo de Pecico.

Aquí empieza la fiesta. Y la tenemos a la vista. Superamos los ibones por su flanco derecho y arranca un canchal de esos de avanzas dos pasos y retrocedes uno. Bastones imprescindibles. Al coronar no hay que equivocarse. La intuición invita a ir por una primera canal. No es así. Cruzar la ladera de rocas para solventar un saliente para adentrarse en una segunda chimenea bífida; elegir mejor su lengua izquierda. Se alcanza el collado con vistas impresionantes (Vignemale, Balaitus...). Girar al norte para tomar la arista sur en la que solventamos ligeras trepadas hasta la antecima. Queda el crestero breve a la ‘virgen’. En medio, ¡ojo!, un paso algo complejo (II-), al destrepar una piedra, con buenos agarres, expuesta. Solo queda disfrutar y bajar seguro.

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