La montaña en Aragón

La sonrisa de las Abuelas de Sevil

O como una familia balear triunfa con su tienda de material de montaña desde Adahuesca, un pueblecito en Guara

Su creatividad en redes les diferencia gracias al humor y buenos consejos de los ‘reels’ que hacen juntos padre e hija

Francis, Ampe y Damià, en su tienda en Adahuesca.

Francis, Ampe y Damià, en su tienda en Adahuesca. / SERVICIO ESPECIAL

Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

¿Dónde está Adahuesca? ¡Y qué importa! Cuando uno quiere volar alto solo importa el límite del cielo. Y esta familia no sabía que sobre sus cabezas se abría un destino de neoprenos, cintas y arneses. Un guion con sonrisas de felicidad y amargas lágrimas cuya localización es una pequeña tienda de montaña en un pueblecito de menos de 200 habitantes en la Sierra de Guara: Las Abuelas de Sevil.

Todo empieza en 2004 sobre un mapa. Un trozo de papel ante el que Marie Helene y Francis rastreaban ‘pueblos perdidos’ para dibujar su horizonte. Alejarse de Mallorca, de su gentrificación, para abrazar un mundo más pequeño, tranquilo, rural, más auténtico. Entre el enredo una oferta alumbra sus dudas. Ofrecían alojamiento y un puesto como alguacil. Suficiente. ¿Pero dónde está Adahuesca? ¡Y qué más da! 

Se adelantó Francis y al tiempo fue detrás la prole. Se afanaron en abrazar las costumbres y rutinas autóctonas, que si las Fiestas Mayores, que si el ‘corre peras’, que Santa Ana o San Fabián o el Crucelos, a honrar la tumba en la que, según la leyenda, descansan las Abuelas de Sevil... Todo fue más fácil al ver las bondades de la educación de los centros rurales para sus dos hijos, Ampe y Damià, o la calidez de sus convecinos. «De esa época tenemos una foto guardada a buen recaudo que nos encanta, en la que aparecemos la familia con un calabacín gigante con el que nos dio la bienvenida un vecino del pueblo», recuerda Francis Rodríguez.

Un despiste lo cambia todo

La integración es fácil cuando emprendes, donas utilidad y conviertes un antiguo secadero de almendras en una tienda multiservicio: alimentación, bazar, tres apartamentos turísticos y ciber-café, un poco de todo con jaleo continuo de lunes a domingo. Hasta que, despistado, por error, alcanzó su puerta un comercial de material de montaña. Aceptaron su idea de «probar» con diez pares de calzado de barranquismo. Volaron. A la semana siguiente estaban pidiendo otros 50. Como en Peonera o Formiga, ya no había salida, había que tirar hacia adelante.

Y lo hicieron. Fueron ampliando ‘stock’, contactando con marcas y haciéndose un nombre entre los asiduos turistas que llegaban a Guara. «Estar aquí nos permite tener a la clientela que va a realizar la actividad ‘in situ’, por lo tanto, sabemos que son deportistas o van a realizar alguna actividad de turismo activo y esto significa que hay que tener de todo porque no pueden esperar una semana para recibir el producto».

Cuando todo iba viento en popa llega la peor de las noticias. Helene fallece en 2017 en Canarias en un accidente durante un evento de montaña. «Ella era el ‘cerebro’ de nuestra tienda y nosotros unos ‘mandaos’. Cuando falleció, nos volvimos todos para casa, para estar juntos y apoyarnos y en el mes que tuvimos antes de volver a abrir, hablamos y planteamos todas las opciones que teníamos y decidimos que debíamos continuar. Recuperamos fuerzas y nos preguntamos ‘¿Qué hubiera hecho Marie-Helene?’ y lo hicimos».

Así en 2019 deciden reducir el negocio, quitarse la alimentación y los apartamentos y centrarse únicamente en materiales de montaña. Reforzaron la venta online con una nueva web y reabrieron la tienda. ¿Abrieron? Bueno, tuvieron que esperar «porque esa misma semana llegó la pandemia».

En 2017 afrontaron el fallecimiento de la cabeza de familia y decidieron centrar el negocio en material de montaña

Desde entonces el negocio crece y crece sin perder su esencia de negocio familiar que refleja «un contacto más humano y eso el público lo nota, porque el servicio que damos es mucho más personal y cercano de lo que pueda dar una gran empresa y es algo de lo que estamos orgullosos». Y a ese cálido matiz añaden una presencia amena y divertida en redes sociales. Son Francis y Ampe, padre e hija, quienes protagonizan unos ‘reels’ muy divertidos y con consejos muy útiles, una estrategia comercial que les diferencia en el sector y les hace pasar «muy buenos ratos porque también nos lo pasamos muy bien haciendo el tonto frente a una cámara. Pero también tenemos una cara más seria donde hacemos otros para informar del material y tenemos un blog donde damos consejos».

El 60% de los pedidos llegan desde fuera y tienen una agenda propia de clientes y buena relación con las agencias de guías de todo el Pirineo. «Alguna vez hemos recibido pedidos de algún cliente que nos ha sorprendido como personal de la Casa Real y un productor audiovisual de renombre, bomberos, policía, GREIM...». Su ‘fama’ les ha llevado incluso a patrocinar a deportistas, como el escalador aragonés más de moda, el aperturista y equipador Enrique Beltrán.