Vingegaard tiene equipo

El Tour ha traído el gravel y ojalá que no lo abandone en sucesivas ediciones

Evenepoel, Pogacar, de amarillo, y Vingegaard, en acción sobre el gravel este domingo.

Evenepoel, Pogacar, de amarillo, y Vingegaard, en acción sobre el gravel este domingo. / BERNARD PAPON / EFE

El Tour ha traído el gravel y ojalá que no lo abandone en sucesivas ediciones. Lo de este domingo no fue una etapa. Fue una clásica de primavera con los favoritos y los no favoritos volcados en el esfuerzo como si no hubiera un mañana o, mejor dicho, como si no compitiesen hasta el próximo domingo. No se entiende semejante derroche de energía como el expuesto este domingo en una prueba por etapas. Los caminos de tierra estimularon la agresividad de Evenepoel y Pogacar mientras Vingegaard, apoyado en un equipo fantástico y en sus propias capacidades, respondió una y otra vez a las propuestas de guerra del líder de la carrera. 

Evenepoel se mostró capaz de aspirar a cualquier cosa en esta carrera y ofreció momentos de gloria con su rodar prodigioso. La vigilancia entre los mejor clasificados, con parones y cruces de mirada, permitió algunas alegrías a buenos rodadores que se jugaron la etapa a cara de perro a beneficio de Turgis, un buen routier en un equipo de contrabarrera. 

Los momentos más deliciosos de la jornada se vivieron envueltos por la polvareda y el equilibrio sobre la gravilla, con un atacante excepcional, Pogacar, empecinado en distanciar a Vingegaard a toda costa, pues sabe que el danés conforme acumule kilómetros irá alcanzando un mejor estado de forma tras las varias semanas de obligado parón por su grave caída. Toca velar armas hasta el próximo conflicto, que llegará en el macizo central.