La opinión de Ángel Giner

Acción, reacción

El temor a una futura remontada de Vingegaard en los momentos clave de la carrera es evidente

Vingegaard entra como vencedor en la meta de la etapa de este miércoles.

Vingegaard entra como vencedor en la meta de la etapa de este miércoles. / EFE / GUILLAUME HORCAJUELO

Contra la osadía, prudencia. Frente a la intrepidez, serenidad. Contra el ataque, respuesta. Frente a la acción, reacción. Esas fueron las variables de la etapa de ayer, absolutamente emocionante hasta mismísima línea de meta, con el protagonismo de dos estrellas de la carrera, emparejadas como almas gemelas para el bien de esta edición del Tour de Francia. Vingegard y Pogacar son la cara y la cruz de una misma moneda: la lucha inequívoca por el poder.

El esloveno, fiel a su espontaneidad, atacó con su singular hachazo. Sus latigazos en la montaña le asemejan a recordados predecesores como Chava Jiménez, Valverde, Bahamontes o Virenque. Vingegard pedalea y responde a la incitación bajo el paradigma de Induráin, esto es, siempre comedido y con cordura pero firme. Siempre vigilante de su minicomputadora del manillar que le señala la regulación del esfuerzo, pues ponerse a la rueda de Pogacar en sus arrancadas sería como tirarse al vacío. Ayer fue todo un espectáculo ver a estas vedettes en su particular escenario: la montaña.

El temor a una futura remontada de Vingegard en los momentos clave de la carrera es evidente, además, la dosis de moral acumulada por el danés en el Macizo Central le hace más fuerte y seguro de cara a los inmediatos Pirineos.