La montaña en Aragón
Un viaje hacia lo salvaje
La zaragozana Ana Cortés dio un giro a su vida con la «bendita crisis de los 40». Abandonó la estabilidad normativa en Madrid para emprender una aventura nómada y acercarse a la naturaleza. Es la fundadora de una agencia de viajes que conecta a mujeres del mundo desde la responsabilidad social y ecológica

Ana Cortés posa con Ekeney en Tanzania. Dar un trato laboral digno y fomentar el trabajo femenino es una de las premisas de su bello proyecto. / HACIA LO SALVAJE

La excusa era aprender inglés. Sería un año, nada más, en Irlanda. Luego volvería a Madrid y seguiría subida a esa noria de paso dictado y sostenido. De repente, llega un mensaje. Era un vídeo de su hermana en cuyo fondo cantaba el eco de una tercera maña. Eva Amaral derramaba en sus letras toda la verdad y nada más que la verdad. ‘Ella fue la primera de sus hermanas en huir de la casa que la vio nacer hacia lo salvaje’. “Aún cuando escucho esta canción se me eriza la piel”.
Ese es uno de los planos de la revelación que tuvo Ana Cortés, como esas mañanas grises mirando la lejana sierra por un ventanal de la Castellana. En su oficina de éxito vacuo, anhelando el fin de semana para acercarse al reclamo de la naturaleza, se dijo basta, se escuchó a sí misma y siguió a su instinto. Inició su viaje doble, uno propio y otro compartido, en el que anda enrolada en su ‘latita’ y en una filosofía de honradez y valentía ante el destino. Esta “maña, nómada y admiradora de la naturaleza” es la fundadora de la agencia de viajes ‘Hacia lo Salvaje’, una fórmula que abre a otras mujeres otra forma de ver el mundo: pausada, con responsabilidad social y ecológica, envuelta en un manto de apoyo a otras, de sororidad.
Ana cunde con el ejemplo. Desde que en 2019, en la “bendita crisis de los 40”, se salió de la norma establecida, de un buen sueldo, de una buena casa, para huir hacia su vida a bordo de su caravana. Sería un año, nada más, por darse esa oportunidad, se decía. ‘Cada día era un regalo libre de sol a sol. La montaña fue su salvación’. Amaral sabía que no sería tan poco.
Y van cinco años de esa promesa sabática. Hoy está en Potes. Hace unas semanas andaba por el Bierzo, las Médulas, antes en Asturias, Galicia, en Portugal… ¿Mañana? “Estamos dos o tres semanas en el mismo sitio. Luego nos movemos unos cien kilómetros. En invierno solemos bajar al sur, hacia el Mediterráneo y Andalucía. Echamos de menos las invernales en el Pirineo, aunque, allí te sorprende, si no lo conoces, que también hay montañas”. Y siempre con Zaragoza como cálida guarida familiar.

Organizan un campamento de verano en Oza y una ruta en bicicleta por el Matarraña. / HACIA LO SALVAJE
Comunicadora, en este trayecto comenzó a tejer un podcast de entrevistas hacia otras mujeres, conocer sus historias y proyectos, aprender de una filosofía de ser más acorde a sus principios, apegada a la naturaleza, y hacer contactos valiosos para su futura idea. Ahora lleva 141 programas y muchas amigas nuevas.
Entre tanto empezó a trabajar con el proyecto Active Women, una experiencia que abrió un nuevo horizonte en su camino. Organizaron la ascensión femenina al Kilimanjaro que incluía la donación de bicicletas para que las estudiantes de las comunidades tanzanas pudieran acudir a la escuela. La pandemia se tragó esa iniciativa que quedó como semilla en Ana. De ese primer vínculo brotaron fuertes contactos y el pilar de su proyecto, nacido finalmente, hace ahora un año. “Ahora soy yo la que recibo propuestas, contactan conmigo para formar parte del proyecto”, añade.
‘Hacia lo Salvaje’ tiene unos cimientos sólidos. Es de y para ellas. Se trata de que un grupo de mujeres pueda disfrutar de un turismo pausado con actividades al aire libre y perspectiva ecofeminista. Viajar en libertad, en una alianza con el planeta, alejadas del ‘prime time’, de las aglomeraciones, horizontal en tacto y contacto, que sólo deje huella en la conciencia propia, en un cambio de mirada hacia la responsabilidad sobre este mundo. “Queremos que cuando vuelvan a casa algo haga ‘clic’ para que seamos más conscientes de que no vivimos en una caja de cerillas, sino que todo lo que hacemos tiene un impacto global”, dice Ana.
De estas experiencias nació una red de ‘Hermanas de la Tierra’. Se trata de contratar a mujeres en el destino y de hacerlo en condiciones dignas, como las guías en un trekking por el Annapurna en Nepal. A ese trato en equidad, de igual a igual, se suma la colaboración con iniciativas de empoderamiento femenino y rural como las artesanas indígenas zapotecas en Méjico o las masai mara en Tanzania. Siempre con un alto compromiso ecológico y social realizando, por ejemplo, safaris en bicicleta, visitando proyectos de agroecología en el Himalaya, involucradas en acciones de reducción de plásticos o limitando los transportes en avión.
No todo mira a la lejanía. “La tierra tira”, dice Ana. Y su tierra es Aragón. Por eso organiza en la Selva de Oza un campamento de verano donde mujeres adultas recuperan la esencia de su infancia y ahora abre una experiencia de cicloturismo con el premiado colectivo Biela y Tierra, es decir, Ana Santidrián y Edurne Caballero, realizando talleres con iniciativas rurales del Matarraña. “Quiero ir ampliando esta idea a otras comarcas. Además tenemos un proyecto a punto de salir del horno desde Villanúa. Queremos realizar parte del Camino de Santiago y otras caminatas en las que conoceremos la historia de las Brujas del Pirineo”, adelanta.
Ana sigue con su ‘latita’ dando vueltas y vueltas en su mundo. “Me liberé del personaje, de una forma de estar en la que no me sentía identificada, ni me sentaba bien”, recuerda sincera. Cambió el reloj por una brújula que ahora comparte con otras mujeres para orientarse hacia una comunidad sin fronteras, más justa, responsable y comprometida.
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