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La montaña en Aragón

La comunidad de la cabaña

Nace ‘Refugios no guardados’, una herramienta para recopilar datos útiles y actualizados de refugios libres y zonas de vivac, divulgar normativa e inculcar su uso y cuidado.

El voluntariado social es la raíz que ha nutrido la captación de información y debe enriquecer la ampliación y actualización de las fichas de estos recursos.

El voluntariado social es la raíz que ha nutrido la captación de información y debe enriquecer la ampliación y actualización de las fichas de estos recursos. / SERVICIO ESPECIAL

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Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Huesca

Ante la insinuante comba de funambulista entre Espadas y Llardana, frente a los verdes prados salpicados de bordas, normal que a Pedro le viniera la inspiración. Fue en el refugio de Biadós. No en ese en el que estás pensando. En el otro, en su tato pequeño, en aquel humilde que permanece abierto siempre, libre, sin guardián, regalo para todo aventurero sin calendario, se gestó un proyecto que quiere poner en valor esos reductos del montañismo de la añorada vieja escuela, sin pago ni lujos.

Pedro Ausejo presentó el pasado miércoles, pertrechado por la Fundación Ibercaja y la Federación Aragonesa de Montañismo, una web que no quiere ser solo una web. Refugios no guardados nace con la ilusión de dignificar estos espacios de todos, inventariarlos para promover su uso con respeto, sensibilidad y cuidado. Quiere ser un punto de consulta para los montañeros, una comunidad de intercambio de datos y de conocimiento de la normativa. «No había un espacio así donde consultar información puesta al día», indica este antiguo scout.

En esa excursión con amigos al bello Sobrarbe engendró una chispa que encendió una cuenta de Instagram en la que fue almacenando fotos y descripciones de los refugios libres que visitaba. Era un 7 de julio de 2020 cuando se enredó en una madeja que fue creciendo hilo a hilo, consulta a consulta, visita a visita, enganchando a otros entusiastas para patearse los valles e ir añadiendo nuevas publicaciones, imágenes o, como Pablo Correas, un apasionado de la bici, mapear todas las localizaciones.

Aunque se estiman más de 1.500 cabañas y refugios en el Pirineo, el portal maneja actualmente 67 fichas de estas construcciones y una zona de vivac. Ni Aragón ni su principal cordillera son las únicas chinchetas en un plano que alcanza Francia y varias comunidades. «La búsqueda se puede hacer por país, región y afinar por valle, que consideramos es lo más útil».

En cada ficha se insertan apartados sobre el estado de conservación, su capacidad, posibilidad de obtener agua y leña cerca, rutas, acceso, si dispone de botiquín, si las puertas y ventanas cierran bien o la prioridad de su uso por pastores u otros profesionales. Con un simple clic se puede rectificar estos datos, impulsando la solidaridad comunitaria para «mantener ese espíritu voluntario y social con aportaciones para manejar una información accesible a todos».

Este es el espíritu de esta iniciativa, la cooperación y la educación para conservar espacios de pernocta que pueden sacarnos de un apuro o ayudan a «diversificar el turismo de montaña hacia zonas menos conocidas», apunta Pedro. La pretensión es animar al cuidado de unas instalaciones de propiedad variada, desde municipal a privada, de origen ganadero, forestal o hidroeléctrico y que en demasiados casos están en malas o pésimas condiciones por falta de inversión, desuso o vandalismo.

De este deseo brota una de las curiosidades que esboza una sonrisa al entrar en la web. La ilustración que anima a seguir buenas prácticas es una renovación del famoso cartel que en los noventa copó las piscinas de Aragón. No es casualidad, con este guiño a la nostalgia se quiere encandilar a los boomer para hacer el bien. «Si te fijas son los mismos personajes, que se han hecho mayores. Afinamos bien el contenido con la colaboración de la FAM y Montaña Segura. Creemos que es fácil de entender y se podría trasladar a otro idioma y país», indica el promotor.

El programa incita al civismo. «Queremos promover quedadas para colocar la cartelería y recoger la basura que pueda haber», subraya Pedro. Más de cien personas asistieron a la presentación y, próximamente, se ejecutará una primera salida a los refugios de la Mancomunidad de Bujaruelo.

Ausejo quiere agrandar su sueño, ampliar la red a otras comunidades, contar con la colaboración de otras instituciones, generar nuevos materiales didácticos que puedan entrar en las escuelas o implementar el modelo francés en zonas de vivac, cuya legislación en Aragón es dispersa salvo en espacios protegidos. «En Francia está más regulado y delimitado. Sería interesante ofrecer información de estas áreas y colocar en ellas cartelería explícita de las normas». 

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