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La pizarra de Ángel Giner: fatiga, cazabidones y tontos

Pogacar está cansado, más en la parte mental que en lo físico, tiene ganas de cerrar este Tour en Paris

Kaden Groves, tras su victoria de este sábado en el Tour de Francia.

Kaden Groves, tras su victoria de este sábado en el Tour de Francia. / Thibault Camus / AP

Zaragoza

Pogacar está cansado. Más en la parte mental que en lo físico. Tiene ganas de cerrar este Tour en Paris, coger su autocaravana y marchar a seguir como un turista anónimo, junto a su novia ciclista profesional Urska Zigart, el Tour de Francia Femenino. Viene rindiendo al máximo desde marzo. Ahora tiene una semana para meditar si corre la Vuelta. A pesar de su potente dominio ha sufrido un desgaste físico enorme. Lo vimos con patente desgana en La Plagne. Quiere resetear el resto de temporada. Ayer pedaleó cómodo, con todo su equipo al frente, pero no exento de tensión. La lluvia junto con el fastidioso y peligroso perfil hicieron de la etapa una tómbola de desdichas. Y en esa sima del mal fario cayó el jovencísimo Iván Romeo (21 años) cuando, metido en la escapada buena, buscaba reiteradamente una huida en solitario que le diera un triunfo capaz de redimir la presencia descafeinada de su equipo Movistar en la prueba francesa. Brillantísimo estreno en el Tour ha tenido este muchacho vallisoletano. Seguro que volverá para hacer cosas importantes. Es un ciclista de carácter.

La lluvia también aguó la jornada a los cazabidones, una nueva especie de rondacunetas que se ha dado a conocer con fruición en esta edición. Los cascos han eliminado del sector las simpáticas gorritas de ciclista, viejo anhelo de todo amante del ciclismo, más incluso que el autógrafo, por cierto, otra especie arrasada por el selfie. Solamente han quedado los bidones como recuerdo material, que con el calor cada ciclista gasta y lanza al borde de la ruta no menos de una docena por etapa. La moda consiste en reclamar mediante una vistosa diana, que puede ser un flotador, un aro de gimnasia, un cartón con un gran agujero redondo, a veces un cubo de basura para que los ciclistas hagan puntería. Se han visto infinidad de inventos. Se hizo viral un sensacional enceste en la segunda etapa y el método se ha viralizado. Lo que no se ha viralizado entre los cámaras y realizadores del Tour es la exhibición de las bicicletas. En el Giro de Italia, donde las máquinas alcanzan un interés casi patológico, las cámaras se centran frecuentemente en primeros planos de la máquina del ciclista, exponiendo claramente la marca. En el Tour, como mucho, una toma a media distancia y gracias. Bien por el triunfo de Kaden Groves que se fue con pedaleo irrelevante ante la mirada de estúpida entre sí de dos tontos muy tontos.

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