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CICLISMO

La pizarra de Ángel Giner: el critérium de París

La pregunta inmediata es ¿cuántos Tours más puede sumar a los cuatro ya ganados este ciclista de veintiséis años, tras lo visto este año?

El esloveno Tadej Pogacar saluda al danés Jonas Vingegaard en el podio de los Campos Elíseos.

El esloveno Tadej Pogacar saluda al danés Jonas Vingegaard en el podio de los Campos Elíseos. / CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

Zaragoza

Cierre espectacular para el cuarto Tour de Pogacar sobre el circuito de Montmartre, con todo París en la calle y él mismo ejerciendo de vedette, al paso de la carrera al pasar por delante del Moulin Rouge, donde Toulouse-Lautrec pintó al bailarín Valentin el Deshuesado. Este domingo otro pintor, en una performance genial de la organización, pintó a Pogacar de amarillo al paso por Montmartre. El líder no quiso salir del Tour por la puerta de atrás, sin mostrar su maillot amarillo a todo Paris. Derramó su arrojo sobre los ya mojados y peligrosos adoquines de la Ciudad de la Luz -esta vez nublada- como si fuera un juvenil en busca de su primer triunfo. Rompió la carrera en su paso por la cima de París, pero finalmente fue Van Aert, curtido en mil batallas sobre las “kermeses” holandesas, quien se adueñó merecidamente del sucedáneo de etapa. El belga, ya eximido del duro trabajo durante tres semanas en favor de su jefe Vingegaard, aprovechó la licencia para ganar una carrera reducida a cuarenta kilómetros de esfuerzo real. Hasta pisar las calles de París la etapa fue una verbena, como en todos los finales del Tour: brindis, fotos y más fotos y demás parafernalia. Una vez en París la etapa se convirtió en el primer critérium post Tour, con veintisiete corredores interesados y el resto de comparsa. Pero ciertamente fue espectacular, infinitamente más que el monótono deambular por los Campos Elíseos como se ha venido haciendo en los últimos años.

Los franceses saben vender la carrera, tercer evento mundial tras las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol. Doce millones de espectadores ven la carrera al pie de la ruta (un francés de cada cinco) y tres mil quinientos millones más  por televisión, cuya señal llega en directo a ciento noventa países. Este domingo pusieron en primera línea televisiva, como bien saben hacer, todos los recursos posibles de París, deslizando la carrera por delante de Versalles, luego por el patio central del Museo del Louvre, la Concordia y finalmente bajo la escalinata de Montmarte convertida en una tribuna natural. De los ciclistas se ha dicho todo. Pogacar ha ganado su duelo con Vingegaard, que era la duda inicial y la pregunta inmediata es ¿cuántos Tours más puede sumar a los cuatro ya ganados este ciclista de veintiséis años, tras lo visto este año? No nos gustaría caer en la monotonía de aquel ciclo dominador de Armstrong, sin rivales potentes, y mucho menos con su borrascoso final.

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