LA MONTAÑA EN ARAGÓN
La montaña en Aragón: Nieves Gil, cuando el premio es estar dónde y con quién quieres
La chesa Nieves Gil encadena por segundo año consecutivo el premio a la mejor expedición femenina del año, otorgado por FEDME, por la conquista de la ‘vía Sevi’ en La Esfinge de la Cordillera Blanca (Perú) junto a Lucía Guichot y Laia Duaigues

Nieves Gil, tras una de sus ascensiones. / SERVICIO ESPECIAL

Es ese segundo. Ese en el que respiras hondo, profundo hasta airear el alma, en el que despiertas en esa felicidad placentera, frágil y contundente. Es allí, en ese instante súbito, cuando miras al horizonte de las montañas y comprendes de forma inquebrantable la verdad de tu vida. Ese es el premio: ser consciente de dónde quieres y con quién quieres estar. El resto sobra. Sea haciendo la ronda por Las Bellostas, colgada de una fisura en México, de excursión mochilera por Ordesa, zurciendo planes en la terraza de Lucía o quebrando hielos en la Cordillera Blanca. Nieves Gil lo sabe. Sabe que el éxito es seguir dando vueltas al mundo soñando en vertical, cosida a sus amigas, que nunca le fallarán, conectando esos fugaces latidos de felicidad.
Ese conocimiento esencial le aleja de la egolatría, hace que reciba casi como intrascendente, por segundo año consecutivo, el premio de la Federación Española a la mejor expedición, en escalada en pared, por la superación de la ‘vía Sevi’ (750 metros, MD+, 7a o 6b/A1) en la Esfinge, en Perú. “Esto de los premios está súper bien porque te ayuda económicamente para las siguientes expediciones y da valor a lo que haces. Pero no puedes volverte loca. Hay que seguir con tus planes, sin buscarlos, y si llegan, bien. La pena es que dos categorías femeninas se han quedado desiertas”, indica Nieves Gil Rived.
Esta obra fue el punto y final, el pasado 3 de septiembre, a un viaje por la Cordillera Blanca durante todo el mes de agosto con sus inseparables Lucía Guichot y Laia Duaigues, a las que conoció en el equipo nacional de alpinismo. “La Esfinge era nuestro plan Z. Lo hicimos el día antes de irnos por hacer algo de roca, aunque fuimos más a hacer alpinismo. Fue una escalada muy limpia solo con un par de juegos de ‘friends’ y unos tascones. Entramos en la pared a las seis de la mañana y salimos a las seis de la tarde. En mitad nos dimos cuenta de que habíamos perdido la línea, porque no hay ni un clavo. Pero tiramos para arriba”, relata.
Por el mundo
Le ha encantado conocer Perú, “un país muy acogedor”, del que se lleva el regalo de haber domado la estética pirámide del Alpamayo (5.960 metros). “Es una montaña muy bonita que nos atraía. Se sube por canales. Este año se podía acceder por la normal o por la ‘vascofrancesa’, que es por la que nos decidimos. Al final tiene un resalte de 85º que tiene su miga”, describe.
La inestabilidad de la nieve y su filosofía de cero riesgo les hizo renunciar inteligentemente al Urus (5.495 metros) y al Chacraraju (6.112). “Al Urus fui sola con Laia porque Lucía no se encontraba cómoda. Nos bajamos a cien metros de la cima. Queríamos repetir una vía pero nos metimos en un espolón sin saber a dónde salía, hacía calor y vimos que las condiciones eran malísimas. Es nuestra mentalidad. Cuando no lo tenemos claro, cuando no todas estamos igual de motivadas, no seguimos”. Eso se llama ser un equipo.

Las tres compañeras y amigas, sobre la nieve / Servicio Especial
Es un suma y sigue en esta sociedad que tira de la puntera de la vanguardia del alpinismo español con machadas históricas por todo el planeta en el último lustro, currículum que le ha valido para entrar en el exclusivo club del Grupo de Alta Montaña Español (GAME) junto a ‘jefazas’ como Miriam Marco o Pipi Cardiel, una selección “aún más simbólica que activa”, lamenta.
El bautismo en el Chekigo en el Valle del Rolwaling nepalés, la clásica norte del ‘ogro’ Eiger, la repetición de la Super Canaleta en el Fitz Roy dedicada a Amaia Agirre, la ‘Eternal Flame’ en las Torres del Trango (Pakistán), con la que consiguió el premio FEDME en 2024… Citamos las más destacadas de una extraordinaria chica normal, de Hecho, que charra cheso, ingeniera forestal, a la que, tristemente, le ha llegado antes el reconocimiento, con la ‘gata’ Lucía Guichot, de la Federación Madrileña que el de la Aragonesa.
Ella no se inquieta. Ahora el cuerpo le pide calma aunque se le escapa que “me gustaría volver a Patagonia”. Más América que Asia. Porque acaba de llegar de México, de medirse a una vía mítica, la ‘Sendero Luminoso’, y chapar una nueva muesca en su lista de países visitados. “Fuimos a la región de Potrero Chico. Es una zona muy famosa porque hay mucha deportiva de distintos niveles. Al estar cerca de Texas va mucho estadounidense. Es una línea de más de 500 metros que encadenas 7b y 7c+ en quince largos. Fuimos sin prisa, en tres jornadas, porque mi compañero quería liberarla. Yo no tenía esa intención pero volví contenta porque la liberé casi entera. Nos estuvimos acordando todo el tiempo de Alex Honnold, pensando que había podido subir por esos sitios imposibles en ‘free solo’ (sin cuerda)”. Su ‘amigo Alex’, el mismo que se encontró en mitad de la Salathe Wall en Yosemite.
Ahora quiere paz, no moverse mucho. No plantea proyectos internacionales a corto plazo, quiere saborear la belleza del Sobrarbe, comarca a la que se ha mudado en abril para ser vecina de su amiga Lucía. “Es un lugar más solitario que la Jacetania y te da muchas posibilidades de escalar, ir en bici, con otro ambiente… Tener a Lucía es un regalo aunque por su trabajo se mueve por todo el mundo”, asiente Nieves. Nueva vida llena de esos momentitos de felicidad, siempre, entre montañas, entre amigas.
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