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LA MONTAÑA EN ARAGÓN

La montaña en Aragón: los aludes, una amenaza invisible

El fallecimiento de cuatro montañeros expertos esta semana nos recuerda que no existe el riesgo cero en la montaña y menos por el imprevisto de las avalanchas. La formación en nivología y alpinismo invernal, el buen uso del material de progresión y rescate y la lectura de boletines y cartografía específica es obligada.

Un montañero señala, desde el Balneario de Panticosa, la zona de El Tablato donde se produjo el fatal accidente esta semana.

Un montañero señala, desde el Balneario de Panticosa, la zona de El Tablato donde se produjo el fatal accidente esta semana. / MIGUEL ANGEL GRACIA / EPA

Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Huesca

«De cada diez veces que lo haces mal, nueve te sale bien la jugada y piensas que los informes son una exageración y que lo has hecho de maravilla, que eres un Superman. Entonces más posibilidades tienes de que te pase algo».

Hace cinco años, el 1 de enero del 2025, este mismo periodista inauguraba su colaboración en esta página con un reportaje sobre el riesgo de avalanchas. Uno de los entrevistados, por su alto reconocimiento de nivología sobre el terreno, fue un pediatra, experto en esquí de montaña, escritor de guías y reconocidísimo en el mundillo por su blog autodidacta ‘la meteo que viene’. Suya es esa primera declaración sobre la amenaza invisible de la montaña invernal. Hoy, un funesto presagio.

El querido divulgador Jorge García-Dihinx, su pareja y respetada ‘ultrarunner’ Natalia Román, el irundarra Eneko Arrastua, sepultados por una avalancha en el Pico Tablato (Panticosa), y el zaragozano Ángel Sánchez Campos, fallecido en otro alud en el área de la Punta del Cau (Tella-Sin), han sido las cuatro fatales víctimas que esta última semana del 2025 han puesto este peligro en el foco mediático. Un fatal desenlace que pone en manifiesto que nadie, incluso los montañeros más expertos, como eran los cuatro, están exentos de un riesgo latente y callado.

«Las personas que son inexpertas solo ven mucha nieve y no se percatan de la exposición que corren. El problema es que este tipo de aludes de placa persistente son difíciles de detectar incluso para aquellos que sí tienen conocimientos. No hay grietas, no hay signos externos perceptibles. Es un peligro invisible. Por eso son tan peligrosos e imprevisibles», explica Marta Ferrer, responsable de Montaña Segura.

Hace siete años que no había una desgracia mortal por aludes en el Pirineo aragonés, donde se contabilizan 43 víctimas desde 1970. El 90% de los fallecidos son consecuencia de esta tipología, potencial en las condiciones actuales del Pirineo. La acumulación de capas por sucesivas nevadas, la falta de cohesión entre ellas, provoca esta inestabilidad oculta por una primera lámina más resistente que esconde un manto débil que es el que se fragmenta y es arrastrado en laderas de entre 27º y 45º de pendiente, normalmente de orientación norte y umbrías, sin estar exentas otras líneas.

Planifica, actúa y equípate

La planificación de la actividad sigue siendo el primer paso para reducir un riesgo que nunca llega a cero. La buena lectura del Boletín de Peligro de Aludes es esencial. Aemet emite un informe diario de diciembre a mayo del estado de todo el Pirineo Aragonés y el servicio Alurte ofrece dos semanales del Valle de Tena (www.alurte.es). Su consulta es obligada, junto a la ‘meteo’ antes de cada salida. «No hay que quedarse solo con el número. Ver un tres en una escala de cinco parece que, como en un examen, es suficiente, pero no... ¡Es notable! Hay que leer el boletín completo, ver la tipología, la altitud y orientación donde hay más riesgo, la meteo de los últimos días…», advierte Marta Ferrer.

De hecho, las fases de riesgo cinco, por alta acumulación, son mínimas en el Pirineo, suelen durar horas y las laderas se ‘purgan’ de forma natural de los excesos. Lo normal es que la montaña, como ahora, esté en ese rango ‘intermedio’ en el que se dan la mayoría de accidentes. «En el máximo nivel la gente no sale al monte, pero es imposible retener a todo el mundo en casa, más a principio de temporada», advierte Marta Ferrer.

Si se sale hay que saber por dónde se sale y conocer una zona bien no es un seguro. La lectura de la cartografía ATES, que diferencia entre tres tipos de terrenos en función de su grado de exposición a aludes: simple, exigente y complejo. Pueden descargarse estos mapas en a web de Montaña Segura. «Conociendo e interpretando el Boletín y siguiendo la referencia de los mapas se puede trazar una estrategia adecuada, actuando siempre sobre el terreno».

Es el siguiente paso. Ir bien equipado y saber reaccionar, leer el medio, mantener una distancia de seguridad entre montañeros, y, como dogma imperante, renunciar si no se tiene claro. Prudencia.

En cuanto al material de seguridad, los imprescindibles son los crampones y el piolet, incluso llevando raquetas o esquíes, y la pala, la sonda y el sistema ARVA de geolocalización, en caso de rescate. Instrumentos que no solo hay que tener, ¡hay que saber utilizar!

De ahí que la formación previa sea innegociable. «Los clubs hacen una gran labor en todos los cursos invernales. Desde la Escuela de Alta Montaña de FAM realizamos cursos para los monitores de forma regular, también de reciclaje (17 y 18 de enero en Benasque), porque, como en todo, hay nuevas técnicas y conocimientos que se van actualizando».

La Asociación para el Conocimiento de la Nieve y los Aludes desarrolla cursos de hasta tres niveles de especialización impartidos por guías también en Aragón. Pueden consultar su agenda en www.acna.es. ¡No hay excusa!

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