La montaña en Aragón. Mil caminos llegan a Teruel
Una generosa red de senderos grandes, pequeños y locales serpentea por la segunda comarca más grande de todo Aragón y corazón de provincia. Teruel guarda en sus 46 municipios tesoros culturales y naturales que debemos descubrir en excursiones que nos llevarán por hoces, ‘Montes Universales’ o hitos históricos

Punto de encuentro en la Cruz de los Tres Reinos / SERVICIO ESPECIAL
Al punto de encuentro de un trío de monarcas
Cambia la Mesa por una Cruz y dale después la vuelta a la brújula. Del norte viajamos al sur. Del Pirineo oscense a los Montes Universales turolenses. De la comunión entre Navarra, Aragón y Bearn al cónclave entre Aragón, Castilla y Valencia. Subimos a la Cruz de los Tres Reinos, confluencia de tres territorios medievales independientes, punto de encuentro de tres reyes, como pasa con la Mesa en Linza. La localidad de Veguillas de la Sierra será nuestro punto de partida y llegada. Pasando el Barranco de la Cueva, pronto llegamos a un paraje donde se elevan varios árboles monumentales: un grupo de nogales y tres quejigos llamados de las gordas.
Tras su contemplación, marchamos hasta la Fuente de Garcisancho y luego se asciende por una ladera herbosa hasta el Collado. Se abandona la pista a la izquierda para proseguir por senderos y campo a través hasta la Fuente del Collado, pasar por un refugio y coronar la Cruz. Desde sus 1560 metros de altura, las vistas sobre la Serranía de Cuenca y las sierras de Javalambre, Gúdar y Jabalón merecen la pena. El Rincón de Ademuz queda a nuestros pies.
Para regresar al pueblo seguimos hasta el mirador del Puntal de Marco por un camino descendente que pasa junto a la sabina milenaria de las Royas y el chopo Siestero, cerca de la rica Fuente del Saz y de los vestigios del pueblo abandonado que se nutría de su agua. Una pista, entre huertas y bosques, nos deja en el inicio de la ruta tras 12 kilómetros.
Una colección de saltos para toda la familia

Varias cascadas jalonan una excursión fresquita. / SERVICIO ESPECIAL
De cascada en cascada, sin que me lleve la corriente. Conozcamos otro fabuloso paseo fluvial que esconde esta comarca. Nos adentramos esta vez en los Amanaderos de Riodeva, una sucesión de saltos sin desperdicio que algunos comparan con el Monasterio de Piedra. Compruébenlo ustedes mismos.
Iniciemos en Riodeva, siguiendo las marcas del GR10 por las huertas hasta el Molino de Montereta, que alberga el Centro de Interpretación del Río Eva y Los Amanaderos. Ascendemos poco a poco por el sendero hasta el barranco, donde nos espera lo mejor de la jornada: una serie de cascadetas que podemos ver desde el propio camino o desviándonos brevemente a un mirador cercano.
La primera será el Salto del Molino y la segunda, el Salto de Pedro Pérez, que se adentra en una cueva. Seguiremos hasta el Salto de la Virgen Blanca, que con 48 metros es el mayor de toda la ruta.
¿Se han cansado de agua? ¡Calma! Aún les queda un ratico. Sigamos hacia el Salto de la Polaina y, tras abandonar las marcas rojas y blancas, vamos al Salto de las Yeguas. Antes pasamos por el Salto de las Ninfas, donde una poza nos llama al baño si hace buen tiempo y somos respetuosos. Unas escaleritas nos llevan al monumental pino laricio y unas barandillas habilitadas nos llevan al Salto de las Yeguas. Desde aquí podemos volver por nuestros pasos o retornar por la pista para vehículos a Riodeva tras doce kilómetros.
Pasarelas y remojones en un paraje angosto

Los estrechos de Cañamar son el punto más angosto de esta ruta. / SERVICIO ESPECIAL
Entre los Montes Universales y la Sierra de Javalambre, el río Ebrón ha tallado con su lento avance unas hoces de vértigo que son una fresquita alternativa para el senderista. Las recorreremos por su interior entre los pueblos de El Cuervo y Tormón en una sucesión que une un sendero fluvial con una ruta atractiva de pasarelas y escalones entre las murallas naturales de la roca, choperas, pozas, sabinas centenarias y rapaces.
Empezamos en la zona recreativa de El Cuervo, remontando por la carretera aguas arriba hasta cruzar el puente en la rambla de la Palomareja. Un azud nos marca la llegada al río Ebrón cerca del merendero del Pozo de la Olla. Bajo los chopos y con algún primera escalinata, pasarela y puente, disfrutamos del río antes de llegar a un desvío que manda a un mirador sobre los Estrechos de Cañamar. Suban, merece la pena.
Bajemos porque llega lo bueno. Este trayecto entre paredes de roca es espectacular en su paisaje angosto y trazado aéreo, con pasarelas y grapas que salvan pozas de color turquesa. La diversión sigue con grapas, pasos equipados, barandillas, sirgas, escalones... y el Puente Natural de la Fonseca, otro punto álgido de la ruta. Admiren este paso creado por la naturaleza.
Ascendemos por la izquierda para remontar con vistas sobre los estrechos, para bajar de nuevo por el Barranco de la Tejería y girar hacia la izquierda hasta el antiguo molino harinero y la Cascada de Calicanto, otro deleite, donde una carretera alcanza Tormón (10k).
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