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CHAMPIONS LEAGUE

El Barça se rebela en Praga contra una noche kafkiana

Fermín (2), Olmo y Lewandowski levantan a los azulgrana a siete grados bajo cero y se acercan al objetivo de acabar en el top-8 en la Champions. Pedri acaba lesionado.

Redacción

"Dormir, despertar, dormir, despertar, perra vida". Así vivía Kafka y así lo hace este Barça, siempre con un pie entre el cielo y el infierno, con una dualidad que le hace tan maldito como atractivo. De temblar por su buenaventura en la Champions, a arrimarse al ansiado top-8 (ahora es noveno) que le permita ahorrarse los dieciseisavos de final. Tendrá que confirmarlo el próximo miércoles en casa ante el Copenhague.

No le sobraría al Barça, eso sí, comenzar a limitar esas concesiones defensivas que tanto penalizan en la Champions, donde el Barça no puede pasar una noche tranquila. Sea cual sea el nivel del rival. Porque el humilde Slavia de Praga, con su liga parada por el frío y que hacía que no jugaba un partido desde hacía un mes, se las apañó para hacerle la puñeta al equipo de Flick durante todo el primer tiempo con tretas de lo más sencillas. Pero también efectivas. Un par de córners al primer palo, y arreando. Dos goles en contra que, en este formato de competición, impactan.

Los checos, hasta la visita del Barça, habían marcado dos goles en toda la Champions y en el mismo partido, contra el Bodo Glimt. Los marcó un lateral que ni siquiera esta vez fue titular (Mbodji). Qué más da. Contra los de Flick, ni siquiera les hizo falta rematar demasiado. En el gol inaugural, después de que Balde no pudiera defender en el primer palo al capitán Holes –que era el que siempre iba hacia allí–, no hubo más que esperar a que alguien empujara unos metros más allá. De Jong defendió desde atrás a Kusej, que marcó, casi sin querer, revolcándose como una croqueta.

Y ya cuando el primer acto se desmayaba, y mientras el Barça celebraba contar con un futbolista tan maravilloso como Fermín, el Slavia repitió la jugada. Sin que nadie en el bando azulgrana supiera qué demonios hacer. Lewandowski, que fue el que acudió a defender el córner al primer palo, acabó saltando con los ojos cerrados y marcándose en propia puerta con la chepa.

Golpe bien encajado

El golpe lo encajó bien el Barça, que nunca se rinde. Y eso que el termómetro marcaba siete grados bajo cero, el césped estaba hecho unos zorros, y tenía que salvar el engorro de los marcajes individuales que trataban de impedir la incidencia de Fermín, De Jong y Pedri. Un escenario en el que los azulgrana agradecieron la responsabilidad asumida por Eric Garcia, que desafiaba al infierno de hielo en manga corta siendo él quien subía el balón. No quedaba otra que buscar referentes ante la ausencia por sanción de Lamine Yamal, siendo su sustituto, el jovencito Roony, el hombre invisible entre la bruma del Eden Arena. Humareda que nada tenía que ver con la niebla, sino con las bengalas que se iban encendiendo cíclicamente desde el sector de la afición azulgrana. Volverán las multas para el club ahora que la directiva de Joan Laporta, con las elecciones encima, negocia cómo configurar la nueva grada de animación del Camp Nou.

Fermín, decíamos, era el gran elemento diferenciador en alianza con Eric. Aunque en el 1-1, alcanzado a la media hora, también tuvo que ver Raphinha, ducho en el taconazo hacia atrás, y De Jong. Sí, De Jong, notable en Praga. El centrocampista neerlandés fue quien asistió a Fermín, que propinó un martillazo al balón, sin ángulo alguno, sin que el portero Stanek, pésimo, supiera qué hacer con los brazos. De Jong hacía cinco años que no ofrecía una asistencia en Champions. Ahí es nada.

Y aún pudo haber llegado más lejos De Jong –jamás marcó un gol en la Champions, tampoco con el Ajax– si el árbitro no le hubiera negado el 2-3 al inicio del segundo acto por fuera de juego. El hombro de Lewandowski tuvo esta vez la culpa en este fútbol cuyo relato pervierten los frames del VAR.

Lesión de Pedri

Al Barça le acechaban fantasmas ya conocidos. De poco servía el segundo latigazo de Fermín después de una gran maniobra de Pedri, porque el Slavia, tal y como hiciera la Real Sociedad el pasado domingo, le empataba en un santiamén. Además, Pedri, tantas veces atormentando por las lesiones y al que Flick venía cuidando desde hacía semanas, sufrió su tercer problema muscular de la temporada. Se fue del campo de lo más cojo y cariacontecido por una lesión en el muslo derecho.

Como este deporte sólo puede explicarse a partir de episodios extraordinarios, Olmo, que hacía dos minutos que había sustituido a Pedri, que lo había fallado todo en Anoeta, marcó uno de los goles de su carrera. Desde fuera del área, a pie parado, y llevando la pelota a la escuadra. Y Lewandowski hizo el resto después de controlar con la rodilla. "Estoy intraquilo y venenoso", escribía Kafka en un diario en el que Flick podría poner las notas a pie de página.

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