La montaña en Aragón
El Club de Montaña de Monreal del Campo: los treparriscos de la meseta
La escuela de escalada lleva un cuarto de siglo formando a niños y niñas de la Comarca del Jiloca. 28 zagales sueñan con seguir las proezas del monrealense Enrique Beltrán desde una población de no más de 2.500 habitantes muy lejos de las grandes paredes del Pirineo

La escuela de escalada de Monreal del Campo lleva 25 años forjando trepadores de la mano de Fran Blasco y Eva González. / SERVICIO ESPECIAL
Una dulce motivación. Una bolsa con laminerías atada en la reunión. En todo lo alto. El goloso premio recompensaba sacudirse los miedos. La treta para engañar al inocente Enrique funcionó. En poco tiempo olvidó el agobio vertical, confió en el arnés y la cuerda, se agarró fuerte a las presas y comenzó a trepar por un muro hasta alcanzar el cielo, ese que ahora acaricia con sus callosas manos.
En ese plano del rocódromo de Monreal del Campo se forjó el mejor escalador aragonés del momento, Enrique Beltrán, conquistador de una docena de novenos, hazaña ingrávida inalcanzable para nadie en esta tierra. Una animalada pensando que todo empezó en un pueblo de no más de 2.500 personas en medio del páramo turolense, lejos del Pirineo, de Riglos, de Rodellar, de Montrebei... que lleva un cuarto de siglo forjando una escuela de escalada única en Aragón. «Sinceramente, creo que nuestro secreto es que todo lo hacemos de forma altruista. Nadie gana dinero con esto. Se cobra lo mínimo a los chavales y lo que ganamos se invierte en material».
Fran Blasco y Eva González comandan un grupo por el que han pasado centenares de niños y que ha superado la adversidad para convertirse en una escuela de escalada única en Aragón
Habla Fran Blasco. Él y Eva González son el alma de este oasis de treparriscos en medio de una meseta camino de Teruel. «La pared de roca más cercana la tenemos a una hora», confirma Fran. Entonces... ¿Por qué crear una escuela tan lejos de las montañas?
En la pared del frontón
Todo comenzó con una subvención con la que el consistorio elevó un rocódromo exterior en la pared trasera del frontón. Había que darle uso. Buscaron a alguien que les pudiera dar las primeras clases. Y lo encontraron cerca. José Moreno, del Club de Montaña de Daroca, se pasaba cada semana para instruir al puñado de amiguetes montañeros que querían atarse a la cuerda. Entre ellos estaba Fran. «Al poco tiempo me hice monitor y comenzamos a dar la formación nosotros mismos como actividad de la Mancomunidad y luego de la Comarca del Jiloca hasta que en 2007 pasamos a gestionarlo desde el club», narra.
Centenares de criaturas han sido sus alumnos. Ahora son 28. «Siempre rondamos la treintena, en ocasiones por arriba y otras por abajo. Casi todos son de Monreal, aunque vienen chavales de otros pueblos como Bañón o Torrijo del Campo». Compiten en la captación con el fútbol, con el patinaje y el frontenis. Ahora tienen tres grupos, casi todos pequeños, desde los siete añitos. Para mejorar el aprendizaje están diferenciados más por niveles que por edades «aunque suelen coincidir. El mayor tenía 17, aunque ahora lo ha dejado. Cuando son adolescentes, suelen irse a estudiar fuera, pero muchos siguen con la escalada o con el tiempo vuelven». Reciben el apoyo del Ayuntamiento de Monreal del Campo y de la Diputación Provincial de Teruel.
Tienen dos instalaciones. El rocódromo inicial se trasladó al interior del pabellón, para poder utilizarlo en invierno y no depender de las condiciones meteorológicas, y construyeron un boulder en un espacio municipal polivalente donde está la Escuela de Música. En su momento acogieron también fases de los campeonatos de Aragón con infraestructuras temporales para estos eventos que aún se recuerdan en Monreal.
El caso de Enrique Beltrán no ha sido una excepción. Fran es su tío y lo entrenó hasta que con 18 años se marchó al amparo de Dani Moreno a Huesca. «Tuvimos también a Héctor Allueva, Adrián Algas, Lourdes Hernández y Sheila Allueva que compitieron a nivel nacional y/o fueron con los grupos de tecnificación de la aragonesa. Sheila llegó a ir a una prueba internacional», reivindica Fran.
Fran Blasco: "Antes había otra filosofía con más rondas previas provinciales que eran más participativas. Ahora llevas a los chicos a pruebas donde prima la competición, están más masificadas y hay otro ambiente. Los chicos sienten una mayor presión, más estrés, no disfrutan tanto y eso hace que no todos quieran ir»
Exceso de competitividad
Esos tiempos se revisan ahora como lejanos. Ahora sienten una falta de estímulo hacia la competición cuya causa tienen bien focalizada. Fran señala los cambios que ha habido en los Juegos Escolares de Aragón, centrados en potenciar la competitividad y en los que se han suprimido las categorías más inferiores, y el boom de la escalada que ha propiciado la proliferación de rocódromos en Zaragoza. «Antes había otra filosofía con más rondas previas provinciales que eran más participativas. Ahora llevas a los chicos a pruebas donde prima la competición, están más masificadas y hay otro ambiente. Los chicos sienten una mayor presión, más estrés, no disfrutan tanto y eso hace que no todos quieran ir», se queja Fran. De su treintena de treparriscos solo suelen ir a los Juegos una decena.
Esta dimensión competitiva influye de forma negativa en estos grupos rurales que no disponen de instalaciones ni medios que pueden encontrarse en la capital, lo que puede hacer que se pierdan talentos que, como hemos visto, salían de forma más natural. «Antes había competiciones para más pequeños donde podían probar, divertirse y luego ya decidían si querían continuar. Eso se ha perdido», lamenta Fran, que planea reuniones, encuentros y sorpresas para incentivar a la chavalería.
Sería una lástima perder a un futuro Enrique Beltrán, porque todos necesitamos un empujoncito laminero. «Cuando superó el miedo, le picó el gusanillo. Me hacía entrenarle cinco días a la semana y los fines de semana nos íbamos a la roca. Es un orgullo ver dónde ha llegado y que hable así de su pueblo». No es para menos.
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