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La montaña en Aragón: el relevo de La Renclusa

El mítico refugio de La Renclusa, a los pies del inmenso Aneto, inicia una nueva etapa tras cinco décadas de gestión de la familia Lafón. Los cuatro nuevos guardeses, foranos enamorados del Valle de Benasque, quieren mantener la esencia de un hogar para montañeros sin abandonar la ambición de nuevos retos

Formados, preparados y experimentados, Álberto, Álvaro, Javi y Ricardo afrontan el reto de ser los nuevos  guardeses de La Renclusa.

Formados, preparados y experimentados, Álberto, Álvaro, Javi y Ricardo afrontan el reto de ser los nuevos guardeses de La Renclusa. / SERVICIO ESPECIAL

Sergio Ruiz Antorán

Sergio Ruiz Antorán

Benasque

No saben dónde está la llave de la puerta. Eso lo dice todo. Un lugar abierto a todos, que nunca está cerrado. O mucho más: un sueño, un emblema, un hogar pleno de felicidad a los pies del Aneto. Es La Renclusa. «Algunos me dicen que cómo he terminado aquí, que si es peligroso. Yo creo que no hay un sitio más seguro para estar, donde la puerta siempre está abierta. Para mí es un regalo». Álvaro Yaque ha pasado las Navidades en la gloria. Solo, a 2.140 metros de altura, atendiendo a los pocos valientes que se atrevían a acompañarle. «Algún día se ha pasado algún colega y con el wifi estaba en contacto con mi mujer y mi hijo. Ha sido un descanso, un relax. Soy un lobo solitario, me viene con el carácter. Mi familia me entiende y les estoy muy agradecido», reconoce.

Este sevillano no ha perdido su acento ni su beticismo tras tres décadas en el Valle de Benasque. Llegó para formarse como guía de montaña y nunca se fue. Ahora, con otros tres socios (Alberto Iglesias, Javi Sánchez y Ricardo Ojea), todos foranos atrapados en Maladetas, han tomado el relevo de la mítica saga Lafón en el cuidado de La Renclusa.

Todos son experimentados guías e instructores de esquí, emprendedores, formadores, algunos con lustros de residencia en Góriz, viajeros irredentos y amigos. Todos quieren lo mismo: mantener la esencia con la que Antonio Lafón persistió durante casi cincuenta años como Guardián del Aneto. «Es que su hijo David aprendió a andar en el refugio. Es una responsabilidad, es un reto. Queremos que La Renclusa siga siendo ese sitio donde todos se sientan a gusto y se vayan felices, donde nunca falte un plato de comida caliente, una ducha, una cama, que sea atendido con buena cara, que sea un hogar».

Lo dice porque lo ha vivido. «Desde el primer día me hicieron sentir arropado, me han abierto las puertas como a uno más. Era Alvarito. Era imposible pasar por la puerta y no entrar a saludar o dejarles algo del huerto».

En abril tomaron el relevo. En estos meses han empezado a «renovar la cara de un refugio» con 110 años de historias. Han pintado y cambiado colchones, edredones, sábanas y almohadas, se ha diseñado un nuevo logotipo y activado las redes sociales. Quieren ir a más. «Queremos hacer de La Renclusa el mejor refugio de los Pirineos. Se lo merece. Está bajo los pies de Goliath. La idea es incentivar que se hagan eventos, movidas y aumentar la afluencia en invierno».

«Queremos hacer de La Renclusa el mejor refugio de todos los Pirineos porque se lo merece»

En invierno se han repartido una estancia larga de un mes junto a un empleado, pero desde la primavera contarán con dos equipos de seis personas que se turnarán cada quince días, como ellos. Cada uno tiene asignada una tarea: cocinero, ayudante de cocina, recepcionista, limpiadores… y ellos «hacen un poco de todo. Queremos que la gente que trabaje con nosotros viva la montaña y disfrute de ella. Es vital para que estén a gusto», explica Álvaro.

Ángeles de la guarda

Porque no son solo guardeses de un refugio, son ángeles de la guarda para los montañeros. Toman catas de nieve para analizar el manto y envían datos meteorológicos gracias a su estación para definir la previsión que orientará a los alpinistas. No se escapan de su función de rescatadores. «Nos avisan y, a cualquier hora, toca coger el frontal y la mochila para encontrar a alguien que se ha perdido o rezagado» o más de una vez les toca subir al glaciar para echar una mano a algún accidentado que ha subestimado a Netu.

Eso es lo que peor lleva. Como experimentado guía que ha subido «ni me acuerdo, las dejé de contar, quizá doscientas…» al Aneto, le cabrea la falta de planificación de aquellos que codician la caza del más grande sin humildad ni conocimiento. «Damos información fiable de las condiciones, de las mejores rutas en cada momento. Hay quien la recibe bien y otros que no la aceptan. Sorprende la falta de planificación de algunos. Me molesta que haya gente que anime a subir a otros que no están preparados o cuando no es el momento. Estamos hartos de que se piensen que estamos dando lecciones. Solo queremos ayudar desde el refugio o atendiendo al teléfono. Esa es nuestra misión».

La cercanía con la carretera, a menos de una hora a pie desde Llanos, hace que el perfil del visitante sea más variado en verano. Cuentan con 92 plazas para pernoctar (74 en invierno) y abren todos los días del año. «Hay gente que se cree que esto es un hotel. Se quejan del precio de las bebidas sin entender que todo se sube en helicóptero y que eso supone un coste», subraya Álvaro.

Han tomado otra medida inteligente y entendible aunque cambie la postal del recuerdo de muchos. Coco no te dará más la bienvenida reclamando una caricia. El gran perro de raza Pirineo marchó con David Lafón al valle y con ellos se fue la camada de gatos. «Llegó a haber una docena de gatos en un lugar que no es el mejor para que convivan con armiños, marmotas… la fauna salvaje que queremos respetar. En un tiempo adoptaremos y esterilizaremos una pareja de gatos abandonados para controlar los ratones».

¡Ah! Y tranquilos. En Renclusa os seguirá esperando a todos un plato de huevos fritos con su potente guarnición. Eso sigue igual.

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