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Jorge Bueno Mateo, el asistente aragonés en la final de la Copa del Rey: "Después de 29 años, he cumplido un sueño"

El juez de línea zaragozano, hijo del exárbitro Bueno Grimal, asistió a Alberola Rojas en la disputa por el título del torneo del KO entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad en La Cartuja

Jorge Bueno Mateo, durante la final de la Copa del Rey en La Cartuja.

Jorge Bueno Mateo, durante la final de la Copa del Rey en La Cartuja. / SERVICIO ESPECIAL

Las historias de éxito en el fútbol tienen a menudo un denominador común: jugadores que alcanzan la élite y llevan el nombre de su tierra a todos los rincones del territorio nacional. En Aragón, muchos futbolistas han tocado el cielo de la Primera División y han llevado consigo el orgullo de sus localidades, barrios o clubs de origen. Sin embargo, no son tantos los que han irrumpido en la categoría de oro desde el otro prisma del deporte rey: el arbitraje.

Ese ha sido la gran meta de un colegiado nacido para serlo. Jorge Bueno Mateo, hijo del exárbitro José Ignacio Bueno Grimal, asistió a Javier Alberola Rojas en la final de la Copa de SM el Rey disputada el pasado sábado entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad en La Cartuja. El linier, que representa el Comité Aragonés en Primera División desde hace más de una década, recibió la noticia de su primera final de Copa como una de las mayores alegrías de su vida: “Después de 29 años arbitrando he cumplido un sueño”, indica Bueno.

El árbitro aragonés reconoce que “fue una gran sorpresa” recibir la llamada de Fran Soto comunicándole la designación. De hecho, cuenta, no pudo siquiera contener las lágrimas: “Mi mujer estaba conmigo. Me vio llorar de emoción y de satisfacción”, asegura Bueno, que tuvo claro quién debía ser el primero en saberlo: “Llamé a mi padre enseguida. Me dijo que estaba muy orgulloso de mí”, relata.

El equipo arbitral de la final de la Copa del Rey, al completo, en La Cartuja.

El equipo arbitral de la final de la Copa del Rey, al completo, en La Cartuja. / SERVICIO ESPECIAL

Es común querer mostrar a un padre un logro obtenido. Pero la urgencia cobra todavía más sentido si se tiene en cuenta la herencia que el padre de Jorge Bueno Mateo dejó sobre su hijo. Y es que Bueno Grimal fue un histórico árbitro de Primera División en las décadas de los años 90 y los 2000. Un referente clave en la elección profesional de Jorge, quien, “como cualquier otro niño” de su edad, “quería ser jugador de Primera División”. No obstante, no era un sueño fácil de cumplir, tal y como percibió llegada la adolescencia. “Con 13 o 14 años me di cuenta de que eso no iba a ser posible y me empecé a interesar por el arbitraje”, explica.

Ahí fue clave el Bueno Grimal en su época como colegiado. “Mi padre me llevó a ver un Atlético de Madrid-Real Madrid en el Calderón”, cuenta Jorge rememorando un partido que le llevó a apreciar más la faceta arbitral. Desde entonces, empezó a ver con mejores ojos todavía el trabajo de su progenitor y decidió estudiar el curso de árbitro. “Es como el que tiene un padre carpintero o electricista y quiere seguir sus pasos, pues yo tenía un padre árbitro y también”, comenta.

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Jorge Bueno Mateo, durante la final de la Copa del Rey en La Cartuja. / SERVICIO ESPECIAL

Aun con todo, no esperaba llegar tan lejos cuando empezó. “Como en cualquier profesión, lo que quieres es avanzar y progresar”. Así fue ascendiendo de categoría en categoría a pesar de que, en un determinado momento, estuvo cerca de tirar la toalla por una lesión cuando todavía era árbitro principal. “Mis compañeros de profesión me animaron y me convencieron para que no lo dejara”. Ahí fue cuando dio el paso definitivo hacia ser asistente y, poco después, lograba el ascenso a la antigua Segunda División B.

Cada nueva categoría era un logro obtenido, pero ninguno como el reciente obsequio a casi tres décadas de carrera que fue la designación como linier en la final de la Copa del Rey. Todo un mérito por el que recibió el reconocimiento de familiares, amigos, compañeros y varios estamentos del fútbol. No así de la Federación Aragonesa, que no tuvo a bien ponerse en contacto con él para felicitar a uno de los mayores representantes del Comité Aragonés de Árbitros a nivel nacional. “Todavía no me han dicho nada, ni siquiera mandar un mensaje”.

Desde la Federación Aragonesa de Fútbol todavía no me han dicho nada por pitar en la final de la Copa del Rey, ni siquiera mandar un mensaje

Jorge Bueno Mateo

— Árbitro del Comité Aragonés en Primera División

El aragonés echó en falta alguna llamada por parte de la RFAF como muestra de buena sintonía con la federación, algo que, sabe de primera mano, sí ocurre entre la práctica totalidad del resto de organismos federativos y los árbitros de sus comités. No fue la noticia de la designación digna de ese reconocimiento, pero tampoco la propia disputa de la final, de cuya celebración han pasado 6 días y sigue sin existir un contacto por parte de la RFAF, según el protagonista.

Como auténtico veterano, Jorge Bueno ha vivido la transformación de su profesión a través de la tecnología implementada durante los últimos años, algo que considera un proceso lógico. “El arbitraje lleva el mismo camino que el fútbol. Los dos avanzan y se van adaptando a los cambios. Igual que el jugador no es igual que hace 20 años, el árbitro tampoco”. Así valora la existencia de herramientas como el VAR o el SAOT, que les dan la “tranquilidad” de saber que el deporte se vuelve más “justo” en cada acción y les libera de cierta tensión: “Puedes arriesgar más. Es algo que nos ayuda tanto al asistente como al árbitro principal”. Vuelve el fútbol más justo.

Los árbitros de la final de Copa, junto a los capitanes del Atlético de Madrid y la Real Sociedad.

Los árbitros de la final de Copa, junto a los capitanes del Atlético de Madrid y la Real Sociedad. / SERVICIO ESPECIAL

Todo ello, siendo su profesión su mayor pasión al mismo tiempo: “El fútbol es deporte e intentamos que sea algo bonito. Lo primero es el respeto máximo”. En esta lucha han trabajado codo con codo RFEF y CTA con diversas medidas que buscan “humanizar” ante todo: “Tenemos familia. Yo, por ejemplo, tengo 3 hijas”, indica Jorge al tiempo que explica que va a haber “un cambio de rumbo en cuanto a medios de comunicación” con el mismo propósito. “Más que en dar entrevistas y ruedas de prensa, vamos a centrarnos en hacer acciones que muestren cómo es nuestro trabajo, cómo entrenamos y cómo preparamos los partidos”.

De cara a su futuro, a punto de cumplir los 45 años que marcan la jubilación de un árbitro en la élite, aunque “están valorando cambiar la normativa y puede que dejen continuar”, tiene clara una cosa: quiere seguir ligado a la profesión, sea por el medio que sea. “Yo seguiré en el arbitraje seguro”. Puede que eso sea en los despachos, aunque “si es sobre el césped mejor”, porque tiene “ganas, motivación y condición física” para ello.

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