La picadura del dragón en la Jorgeada: "Cuando lo terminas dices que no lo vuelves a hacer, pero luego allí estás. Te pica el gusanillo"
La Jorgeada de Os Andarines d’Aragón alcanzó este pasado jueves su 25ª edición siendo una tradición consolidada para miles de senderistas. Solo 25 valientes salieron hacia Huesca desde la plaza del Pilar en 2002 sin saber que daban el primer paso para consolidar un calendario de andadas populares en Aragón

Los primeros valientes que salieron de la plaza del Pilar el 23 de abril del 2002 antes de arrancar esa aventura que perdura. / Os Andarines D'Aragón
No se ve más que a veinte personas detrás de una pancarta. Poco más. De esa foto de 2002 se distinguen algunas caras. La de José María Gallego sigue casi igual. Sus gafas y su perilla son inconfundibles en el montañismo aragonés. Han pasado 25 ediciones desde esa imagen en la plaza del Pilar, que ahora es historia. «Me jubilé el 1 de abril y el 23 salimos en la primera Jorgeada. Quise hacer algo para mi prejubilación y propuse el reto de ir de Zaragoza a Huesca andando», recuerda el fundador de Os Andarines d’Aragón, el club más popular de la capital con casi 2.000 socios, que nació a la sombra de esta kilometrada tres años después.
¡La que han liado por una prejubilación! De ese puñado de 25 inconscientes emergió una tradición que ahora recorren miles de personas (más de 1.100 inscritos en 2026), desafiando esos 85 kilómetros y de la que ha germinado un calendario estable de andadas populares en Aragón. «Entonces se hacía algo similar en el Matarraña. Eran medio andadas, medio romerías. Ahora tenemos un circuito popular muy concurrido que ha desembocado en la Liga Ibérica de Senderismo de la FEDME y en la que hemos entrado este año», dice orgulloso José Mari, el padre de todo esto, responsable del calendario regional durante 17 años.
Los comienzos
En 2002 solo alcanzaron Huesca siete bravos. José Luis Angulo fue uno de ellos. Escuchó el anuncio por la radio.No iba a ser su primera vez. Él, andarín obligado por profesión, montañero, buscaba retos cuando leyó «en una revista de aventuras que organizaban una prueba de resistencia de cien kilómetros en Madrid. Sería en 1995. Para entrenar fuimos por el Camino de Santiago del Ebro hasta Alagón, cargados con la mochila y hasta la tienda. A la vuelta, en Casetas, ya cogimos el taxi», recuerda ahora desde la inocencia.
En 2002 acabaron siete participantes y en un cuarto de siglo han salido unos 15.000 ‘andarines’. José Luis Angulo y Montse Cubas han sido reconocidos como ‘Jorgeadores del año’ en 2026
Él es el que más veces ha completado la Jorgeada de las 15.000 personas que lo han intentado en este cuarto de siglo. Hasta la pandemia (hubo dos ediciones virtuales) hizo todas completas. Justo este año, al estar de baja, se ha tenido que quedar en casa. Estuvo en la salida de La Aljafería con Montse Cubas, porque a ambos les dieron el título de Jorgeador del año, distinción que engloba el largo listado de actos con el que Os Andarines celebra su onomástica: exposición fotográfica en el Centro Joaquín Roncal, gala especial en el espacio Xplora de Ibercaja, acto institucional en las Cortes, charlas, película conmemorativa...
Pastelitos a granel
Su experiencia fue clave para dar ideas y pulir detalles en la organización. Por ejemplo, en la primera no había avituallamientos. Una furgoneta seguía a los participantes como a un pelotón ciclista. «Levantabas la mano y venían. Te daban agua o te la echaban en los pies. No había barritas energéticas, sino pastelitos a granel. Al llegar a Almudévar salió un abuelo a hacernos unas migas que estaban tremendas», recuerda José Luis.
Hay catorce avituallamientos con un catering de lo más variado, ambulancias, dos autobuses y catorce vehículos para poder retirarse, traslado de mochilas, fisios a la llegada, gran comilona. Más de 250 voluntarios organizándolo todo
Ahora todo ha cambiado. Hay catorce avituallamientos con un catering de lo más variado, ambulancias, dos autobuses y catorce vehículos para poder retirarse, traslado de mochilas, fisios a la llegada, gran comilona con gaitas y batucada en el Palacio de Deportes de Huesca… «Somos más de 250 voluntarios organizándolo todo. Si no fuera por ellos sería imposible», asevera José Mari.
Montse Cubas es una de ellas. La número uno. Sabe de primera mano cómo ha sido esa evolución. Ella también, la otra Jorgeadora de 2026, ha estado desde esa foto de 2002. Su marido es uno de esos locos a los que engañó José Mari. «Yo hago la Jorgeada... pero en furgoneta», sonríe. Su buen ánimo es contagioso, echando una mano en lo que sea. «Este año he estado en La Aljafería con las inscripciones, en San Juan de Mozarrifar dando pasta, en Ontinar de Salz con el caldo y en Huesca repartiendo camisetas. No sé ni las que habré dado estos años. ¡Miles! La gente es tan agradecida que te da ánimos para estar en todos los sitios».
¿El secreto para acabar la Jorgeada? Ella lo tiene claro. El milagro está en el caldo. «Es que sales de Zuera en plena noche y hace siempre un frío… Ese caldito te revitaliza», dice José Luis. «A los participantes les decimos que llevamos desde primera hora haciéndolo a fuego lento, pero realmente es de tetrabrik», comenta Montse con gracia. El bocata de panceta de Almudévar es otro clásico revitalizante.
El caldo y los consejos
José Luis da otros consejos más mundanos: «Cambiar de calcetines cada 25 kilómetros y llevar dos pares de zapatillas». Aunque el hábito no hace al monje. «Soy bajito y rellenito, y si me ves piensas que no voy a terminar, pero he visto a muchos que parecen maratonianos que en Zuera no pueden ya con su alma o les da un jamacuco».
Son sentencias mínimas porque todos saben que el éxito de la Jorgeada se escabulle en ese orgullo de resistencia, de superación, esa mal entendida cabezonería del que es buen aragonés. «Es lo típico: cuando lo terminas dices que no lo vuelves a hacer, pero luego allí estás. Te pica el gusanillo». Un gusanillo que se ha convertido en un dragón enorme que serpentea feliz desde Zaragoza a Huesca.
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