Así se vivió el pase de España a cuartos en el Príncipe Felipe: pasión en el templo del baloncesto
Miles de aficionados, en torno a 5.000, presenciaron el partido en el feudo del Casademont Zaragoza para vibrar con la selección de Luis de la Fuente y la fiesta de una hinchada de La Roja entregada

PABLO IBÁÑEZ
Línea 51, destino Príncipe Felipe. Tan solo unos pocos civiles se diferencian de un ejército uniformado de rojo y blanco que se dirige al pabellón. No, hoy no es una noche mágica del Casademont Zaragoza. El pabellón, como ya ha hecho alguna vez con la final de la Eurocopa o con la de Operación Triunfo, no acoge esta vez la pasión por el baloncesto, sino por el fútbol. Y fue una pasión enorme y desatada de unos 5.000 aficionados, con todo el anillo inferior abarrotado del pabellón, tras el gol de Mikel Merino para llegar a cuartos y apear a la Portugal de Cristiano.
El código de vestimenta es tan estricto para algunos que se puede llegar a ver en los aledaños antes de entrar a quien lleva una segunda equipación del Arsenal, con Fábregas y el 4 a la espalda, muy similar al atuendo de visitante de la roja empleado en este encuentro, de color blanco y detalles granates; desde luego que disimula para un ojo que no se fije demasiado. También hay quienes optan por el atuendo de civil o la camiseta del Real Zaragoza. La bandera de España se pelea con la bolsa de plástico con los bocadillos (o las cervezas para beber en la previa) por ser el complemento estrella.

Un momento de la celebración del gol en el Príncipe Felipe. / PABLO IBÁÑEZ
La encuesta periodística de una muestra total de cuatro personas en los alrededores antes de entrar no da pie a la variedad en la predicción del resultado: 2-1 favorable a España. “Goles de Oyarzabal, Lamine y Cristiano Ronaldo”, adelantó el primero de los encuestados, espigado con la camiseta de España y un pantalón corto vaquero.
No se atrevió con los goles ni el segundo hombre, mucho más corpulento con la bufanda de España al cuello y los mofletes pintados con la bandera rojigualda y veterano en esto de venir al Príncipe Felipe ya que vivió la final de la Eurocopa en este mismo escenario. Tampoco las dos chicas preguntadas, con camiseta roja y blanca pero sin indicativos de la selección, eso sí, ataviadas una con una bandera y la otra con una mochila de España, que si bien reconocían no seguir mucho el fútbol no se querían perder “el ambiente”.
El sol todavía proyectaba unos rayos anaranjados en contraste con la tenue iluminación de dentro, donde retumbaba la sesión de DJ Castas. Sonó el Waka waka y el Y viva España de Manolo Escobar. Después, las pantallas conectaron con la retransmisión oficial con los consiguientes silbidos cuando se enfocaba a los jugadores portugueses, especialmente a Cristiano Ronaldo, así como durante el himno luso.

Aspecto de las gradas del Príncipe Felipe este lunes. / PABLO IBÁÑEZ
Cuando sonó el español, el maestro de ceremonias de la previa, David Aso, organizó un seguimiento con las luces de las linternas de los móviles de los asistentes, como si de un concierto se tratase. Tras los prolegómenos, volvió la música del pinchadiscos con una versión electrónica del Volare y el Gol de Cali y El Dandee. En las alineaciones se repitió el patrón de chiflar a Portugal y arengar a los elegidos por Luis de la Fuente; eso sí, la intensidad iba in crescendo, subiendo los decibelios con Olmo, Baena, Oyarzabal hasta alcanzar el clímax con Lamine Yamal.
El partido empezó y la primera ocasión fue española con un tiro cruzado de Mikel Oyarzabal que levantó a más de uno de su asiento. El “¡Uy!” fue mayor con la doble ocasión de Lamine Yamal y Álex Baena. Pero sin duda, lo que más celebró la grada fue la atajada como un gato de Unai Simón al remate de Cristiano Ronaldo.
En el descanso hubo más gente sentada que de pie, probablemente el miedo a perder el sitio en un Príncipe Felipe hasta la bandera en sus sectores abiertos (todo el primer anillo y un lateral del segundo) pudiera en muchos casos con las ganas de estirar las piernas e ir a por un refrigerio. Mientras tanto, la fiesta seguía en el parqué huérfano de canastas. El animador de la velada levantó una ola que dio una vuelta completa a la casa del Casademont.

Todo el anillo inferior del Felipe estuvo abarrotado. / PABLO IBÁÑEZ
La segunda parte comenzó y más de uno se echó la cabeza a la nuca, al igual que Pedri cuando su disparo desde fuera del área se le fue arriba. La entrada de Ferran Torres arrancó algunos aplausos, desde luego alguno más que el doble cambio de Pedri y Olmo por Fabián y Merino, caprichoso es el destino. El disparo de Dani Olmo a las manos de Diogo Costa al borde del minuto 80 desencadenó un unánime “Sí se puede” en los espectadores, alentados por el maestro de ceremonias. Un hombre le dice a su mujer: "Prepárate que esto va a durar 30 minutos más". Menos de diez después Mikel Merino estaba dando una vuelta al banderín de corner, como en la Eurocopa de 2024 en Stuttgart, y el Príncipe Felipe votando. Una alegría desatada que derivó en múltiples "Yo soy español, español, español..." y "portugués el que no vote". Los cánticos y pogos en la salida, los pitos de los coches y alguna bubucela pusieron la sintonía de cierre de una jornada futbolística en el templo del baloncesto de Zaragoza.
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